La impresionante costa de Seixal en la isla de Madeira.Getty Images

Cinco destinos de Europa maravillosos y poco conocidos para una escapada perfecta en octubre

Es casi imposible que estos lugares del Viejo Continente defrauden a quien los visita por primera vez. Ahora además un clima perfecto acompaña a su atractivo sencillamente espectacular

Este año el 12 de octubre, Día de la Hispanidad, ha caído en domingo y sólo cinco Comunidades de España han trasladado el festivo al lunes 13, lo que proporciona un pequeño puente para una escapada en octubre. Estos cinco destinos muy bellos y cercanos son una opción perfecta, también si sólo se dispone de un fin de semana. Combinan encanto, lugares de postal, buena gastronomía, un clima agradable y ausencia de multitudes.

Alsacia (Francia)

Eguisheim, uno de los pueblos más bonitos de Alsacia.Getty Images/EMI

Es una de las regiones más sorprendentes de Francia, con mucha influencia alemana por su cercanía. En otoño a la belleza de pueblos de cuento como Colmar, Riquewihr o Eguisheim se añade la de sus paisajes, con viñedos que se tiñen de intensos tonos dorados y rojizos. Aquí el clima es fresco, pero soleado, ideal para realizar una ruta en coche. No hay que volver sin degustar sus famosos vinos blancos Riesling y Gewürztraminer en bodegas familiares y maravillarse con la arquitectura medieval de entramado de madera de sus pueblos de postal.

Trentino-Alto Adigio (Italia)

Pueblo de Santa Maddalena en el Valle de Funes con los Dolomitas al fondo.Getty Images

Si Alsacia es una mezcla de Francia y Alemania, la región del Trentino-Alto Adigio es una combinación de Italia y Austria, donde el estilo de vida tirolés y la pasta conviven de manera perfecta. Situada en el norte de Italia, cerca de la frontera con Austria, esta bellísima región alpina es famosa por su tradición del Törggelen, una festividad de la cosecha que celebra el vino nuevo y las castañas asadas. Los valles de los imponentes Dolomitas ofrecen una experiencia alpina espectacular, con temperaturas diurnas agradables para hacer senderismo y disfrutar de una exquisita gastronomía de montaña.

Kotor (Montenegro)

Bahía y casco antiguo de Kotor.Getty Images

Uno de los secretos mejor guardados de Europa es esta ciudad balcánica y su bahía, bien conocida por las navieras de cruceros, que la incluyen como escala de muchos de sus itinerarios por el Adriático. Kotor es una alternativa perfecta y más tranquila que la concurrida Croacia. La espectacular Bahía de Boka, con su apariencia de fiordo mediterráneo, sigue disfrutando de un clima suave en octubre. Los precios son más bajos y se puede pasear por las murallas y el casco histórico de la antigua ciudad veneciana de Kotor sin aglomeraciones. La cercana Perast, al otro lado de la bahía, también tiene su encanto

La Selva Negra (Alemania)

Viista del pueblo de Forbach en la Selva Negra, en el estado de Baden-Wurtemberg.Getty Images/ConnyPokorny

Siempre se dice de esta región del suroeste del Alemania que «ni es selva, ni es negra», pero en otoño ofrece uno de los espectáculos de follaje más densos de Europa central. Los bosques de abetos, hayas y robles se iluminan con tonos de oro y cobre. Es ideal para hacer rutas en coche como la Schwarzwaldhochstraße, la carretera escénica más antigua de Alemania, y visitar pueblos tradicionales como Forbach, Gengenbach y Triberg con casas de cuento de tejados oscuros. No se resistirá a regresar con uno de los relojes de cuco que dan fama a la región.

Madeira (Portugal)

Carros de cesto en Funchal (Madeira).Getty Images

El archipiélago portugués goza prácticamente de una primavera eterna. Merece la pena llegar a estas islas volcánicas del Atlántico para explorar todo lo que ofrecen, desde impresionantes paisajes naturales a tradiciones centenarias, sabores auténticos y experiencias para no olvidar, como el avistamiento de cetáceos, sus rutas de senderismo por las levadas (canales de irrigación) entre una exuberante vegetación o disfrutar de un hotel balneario. La capital de Madeira, Funchal, es una ciudad con mucho encanto. Pruebe el vino de Madeira y, para un poco de adrenalina, láncese cuesta abajo en un carrinho de cesto guiado por unos singulares gondolieri.