Maravillosa puesta de sol en Cuenca.
24 horas en Cuenca: qué ver, dónde comer y dónde dormir en la ciudad de las Casas Colgadas
Guía para disfrutar de una escapada de un día a una de las ciudades más singulares de España, declarada Patrimonio de la Humanidad
A medio camino entre Madrid y Valencia, Cuenca es una de las ciudades más sorprendentes de España. Suspendida entre las hoces del Júcar y del Huécar, es una de nuestras capitales incluidas en la lista del Patrimonio de la Humanidad, por lo que ofrece al viajero un patrimonio monumental de primer nivel, así como una sabrosa gastronomía y buenos alojamientos. Si solo se dispone de 24 horas para conocerla, esta es una ruta para considerar.
Mañana: historia entre acantilados
Vista de las famosas Casas Colgadas.
El recorrido puede empezar en el Puente de San Pablo, que une la parte nueva de la ciudad con el casco antiguo y regala una de las panorámicas más célebres de Cuenca. Desde allí, las Casas Colgadas, símbolo de la ciudad, parecen desafiar la gravedad con sus balcones de madera asomados al abismo.
En una de ellas se encuentra el Museo de Arte Abstracto Español, con obras de Tàpies, Chillida y Saura. Desde allí, basta seguir las empinadas calles empedradas hasta llegar a la Plaza Mayor, presidida por la Catedral de Santa María y San Julián, una de las primeras de estilo gótico en España. Antes del mediodía, conviene subir hasta el castillo o el mirador del Rey, desde donde se obtiene una vista magnífica del casco antiguo y del cañón del Huécar.
Mediodía: sabor conquense
Fachada de la catedral de Cuenca.
La gastronomía de Cuenca es tan contundente como sabrosa. Para un almuerzo con encanto y sabor local destacan restaurantes como Trivio, del chef Jesús Segura (estrella Michelin), donde los platos tradicionales se reinventan con técnica y sensibilidad; Raff San Pedro, con vistas al casco histórico, o el clásico Casas Colgadas, con su comedor panorámico sobre la hoz.
Entre los platos imprescindibles del recetario conquense están el ajoarriero, el morteruelo (una especie de paté caliente de caza y especias), las gachas y el alajú, un dulce de miel y almendra que huele a convento y tradición.
Tarde: museos y naturaleza
Museo Paleontológico de Castilla-La Mancha.
Tras la comida, nada mejor que un paseo tranquilo por el barrio de San Miguel, con sus casonas nobles y miradores sobre el río Júcar. También merece la pena acercarse al Museo Paleontológico de Castilla-La Mancha, donde se exhiben fósiles de los grandes saurios encontrados en la región, o caminar por los senderos del Parque Natural de la Serranía de Cuenca, a pocos kilómetros, con formaciones rocosas tan singulares como la Ciudad Encantada. Para quienes prefieren un plan más urbano, la Fundación Antonio Pérez ofrece exposiciones de arte contemporáneo en un edificio conventual rehabilitado.
Dónde dormir
Parador de Cuenca en el convento de San Pablo.
El Parador de Cuenca, que ocupa el antiguo convento de San Pablo, frente a las Casas Colgadas, ofrece una de las mejores vistas de la ciudad. Otras opciones son la Posada San José, alojamiento con encanto en pleno casco histórico, o el Hotel Boutique Pinar, en las afueras, rodeado de naturaleza y con piscina para el verano.
Cómo llegar y cuándo ir
Cuenca está a menos de una hora en AVE desde Madrid y a una hora y media desde Valencia. Es perfecta para una escapada de fin de semana o incluso para una visita de un día. La primavera y el otoño son las estaciones más recomendables, cuando las hoces lucen verdes y el clima invita a pasear por sus calles empedradas.