El Fuero de Avilés (1155), concedido por Alfonso VII, es uno de los testimonios jurídicos más antiguos en lengua romance. Sorprende por contener leyes muy avanzadas para la protección de la mujer en el ámbito público. Por ejemplo, si un hombre insultaba o agredía a una mujer en el mercado, la sanción era mucho más severa que si el agredido fuera un varón. Se buscaba así proteger la seguridad del comercio y, de paso, la integridad femenina en un espacio clave para la economía de la villa.