Morella es el ejemplo estrella: un castillo coronando un peñasco rodeado por dos kilómetros de muralla. El Cid recorrió estas tierras varias veces, pero la fortaleza, entonces inexpugnable, resistió sus intentos de conquista. Hoy, cruzar sus puertas es entrar en una clase práctica de urbanismo defensivo. Es, probablemente, la estampa más imponente de toda la ruta cidiana hacia el Levante.