Situado en una de las estaciones de esquí más exclusivas del mundo, su pista parece construida para una película de James Bond. Con apenas 537 metros y una pendiente del 18,6%, los aviones despegan literalmente hacia el vacío para ganar velocidad. Al igual que en Lukla, la orografía impide las maniobras de «motor y al aire», convirtiendo cada aterrizaje en un ejercicio de nervios de acero.