San Felices cambió de manos en el gran reajuste medieval de la frontera: pasó a Portugal y, con el tiempo, quedó definitivamente vinculado a Castilla. Su castillo, en el que destaca su Torre del Homenaje del siglo XV, y su cinturón defensivo cuentan esa «historia compartida» de tratados y tensiones. Hoy se visita el recinto y, según programación local, espacios interpretativos que ayudan a leer el paisaje de frontera.