Ermita de San Bartolomé

Es un imán para los amantes del misterio debido a su origen templarioDiego Delso

La ermita más espectacular de España está en plena naturaleza y solo se llega a pie

La ermita, construida en el siglo XIII en un estilo de transición del románico al gótico, se levanta solitaria en un meandro del río

En el corazón profundo de la provincia de Soria, donde el río Lobos ha tallado durante siglos una cicatriz de roca caliza, se esconde una de las construcciones más enigmáticas y fotogénicas de la geografía española: la Ermita de San Bartolomé.

Considerada por muchos viajeros y expertos como el templo religioso con el emplazamiento más espectacular del país, esta joya arquitectónica no admite visitas motorizadas hasta su puerta. Para descubrirla, es necesario dejar el coche atrás y adentrarse a pie en el Parque Natural, convirtiendo la visita en una pequeña peregrinación entre farallones de piedra y buitres leonados.

El atractivo del lugar reside en la perfecta simbiosis entre la obra humana y la naturaleza salvaje. La ermita, construida en el siglo XIII en un estilo de transición del románico al gótico, se levanta solitaria en un meandro del río, protegida por inmensas paredes verticales de color anaranjado y custodiada por la «Cueva Grande», una gigantesca cavidad natural situada justo detrás del ábside que ha servido de refugio desde la Edad del Bronce.

La caminata para llegar a ella es sencilla y llana, un paseo apto para todos los públicos que discurre paralelo al cauce del río y que sirve de preparación mental para el silencio que envuelve al santuario.

Un imán para los amantes del misterio

Pero más allá de su belleza paisajística, San Bartolomé es un imán para los amantes del misterio debido a su origen templario. La leyenda y la geometría sagrada rodean cada piedra del edificio.

Se dice que la Orden del Temple eligió este lugar con precisión milimétrica: los estudiosos afirman que la ermita se encuentra exactamente en el punto medio de una línea imaginaria que une el Cabo de Creus (en el Mediterráneo) y el Cabo Fisterra (en el Atlántico), actuando como un «ombligo» energético de la Península.

Su famoso rosetón, con una estrella de cinco puntas entrelazada conocida como el «sello de Salomón», alimenta estas teorías esotéricas, convirtiendo al edificio en un libro de piedra que sugiere que allí se custodiaban conocimientos ocultos más allá de la simple liturgia cristiana.

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