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10 maravillas de Europa que hay que contemplar al menos una vez en la vida

Europa está llena de tesoros, con monumentos y lugares que han trascendido el paso del tiempo para convertirse en iconos universales. Por su excelencia turística y relevancia histórica, estas son diez maravillas que siempre se recuerdan, que emocionan cuando se contemplan por primera vez y reflejan la esencia y la belleza del Viejo Continente.

África Giménez

23 ene. 2026 - 04:30

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La Acrópolis de Atenas (Grecia)

Coronando el horizonte de Atenas, la Acrópolis es el testimonio más puro de la perfección clásica. Visitar el Partenón o el Templo de Atenea Niké supone conocer la cuna de la democracia y el pensamiento occidental. Su magnetismo reside en esa luz mediterránea que baña el mármol pentélico y en la sensación de estar en el epicentro de la historia.

Getty Images/iStockphoto

El Coliseo de Roma (Italia)

El mayor anfiteatro del mundo es el símbolo de la gloria imperial romana. Su imponente estructura de travertino, capaz de albergar a 50.000 espectadores, sigue despertando un asombro casi reverencial. Recorrer sus gradas y descender a los hipogeos, el laberinto subterráneo donde aguardaban gladiadores y fieras, es una experiencia que conecta al viajero con la crudeza y la grandeza de la civilización que dominó el mundo.

Getty Images

Basílica de San Pedro (Vaticano)

Además de un templo religioso, la Basílica de San Pedro es la mayor concentración de genio artístico por metro cuadrado del planeta. La majestuosa cúpula de Miguel Ángel, el baldaquino de Bernini y la conmovedora Piedad forman un conjunto que sobrepasa los sentidos. El visitante tiene además la posibilidad de subir a su linterna para contemplar la plaza elíptica más famosa de la Cristiandad.

Getty Images/José Arcos Aguilar

La Torre Eiffel de París (Francia)

Lo que nació como una estructura de hierro temporal para la Exposición Universal de 1889 es hoy el icono turístico por excelencia. La Dama de Hierro define el perfil de París y ofrece una de las experiencias viajeras más codiciadas: contemplar la Ciudad de la Luz desde sus plataformas. Al anochecer, cuando sus 20.000 bombillas centellean, la torre reafirma su estatus como el monumento de pago más visitado del mundo.

Getty Images

Venecia y sus canales (Italia)

Venecia es la magia, entrar en otra dimensión de silencio y misterio, una anomalía arquitectónica que flota sobre una laguna, desafiando las leyes de la física. Su Gran Canal se puede considerar como la avenida más bella del mundo. Recorrer la Plaza de San Marcos al amanecer o perderse por los puentes de Cannaregio permite descubrir una ciudad sin coches, donde cada fachada de palacio narra siglos de arte y poder comercial.

Getty Images/OLGA GAVRILOVA

Monte Saint-Michel (Francia)

Situado en una isla rocosa de Normandía, este enclave es uno de los espectáculos más dramáticos de Europa. Su abadía benedictina parece brotar del océano, especialmente cuando las mareas más altas del continente rodean el monte, aislándolo de la tierra firme. Caminar por su única calle medieval empinada y contemplar la inmensidad de la bahía desde sus murallas es una experiencia visual única.

Getty Images

Fiordos de Noruega

La naturaleza europea alcanza su máxima expresión en los fiordos, lenguas de mar que se internan entre montañas colosales. Enclaves como Geirangerfjord, con sus cascadas de las «Siete Hermanas», ofrecen un paisaje sobrecogedor. El viajero puede navegar por estas aguas o practicar senderismo hasta miradores de vértigo como Preikestolen (la Roca del Púlpito) o Trolltunga (la lengua del troll, en la foto), y sentir la fascinación hecha realidad.

Getty Images

Castillo de Neuschwanstein (Alemania)

Escondido en los Alpes bávaros, este palacio fue el sueño romántico de Luis II de Baviera, «el rey loco». Sus torres estilizadas y su ubicación imposible sobre un desfiladero inspiraron los castillos de cuento de Disney, convirtiéndolo en un icono de la fantasía. El atractivo para el visitante es doble: la belleza de su arquitectura neogótica y la vista fotogénica desde el famoso y vertiginoso puente de Marienbrücke.

Getty Images

Puente de Carlos en Praga (República Checa)

Entrar en una película en blanco y negro de Orson Welles. Esa es la sensación al cruzar este puente gótico del siglo XIV sobre el río Moldava que ejerce de cordón umbilical entre la Ciudad Vieja de Praga y el barrio de Malá Strana. Flanqueado por treinta estatuas barrocas de santos y custodiado por imponentes torres defensivas, su atmósfera es mágica al amanecer, cuando la bruma envuelve las esculturas y el Castillo de Praga aparece al fondo como un guardián del tiempo.

Getty Images/SEREDA Tomas

Stonehenge (Reino Unido)

En las llanuras de Salisbury se alza el monumento megalítico más famoso y enigmático del mundo. Sus gigantescos bloques de piedra, perfectamente alineados con los solsticios, siguen desafiando las explicaciones arqueológicas definitivas cinco mil años después. El magnetismo prehistórico de Stonehenge atrapa al viajero y le invita a reflexionar sobre las capacidades de nuestros ancestros mientras el sol se filtra por sus dinteles de piedra eternos.

Getty Images

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