Oporto en un hermoso día soleadoGetty Images

48 horas en Oporto: lo mejor de la capital del Duero en Portugal

El norte de Portugal acoge la desembocadura de uno de los grandes ríos de la Península Ibérica en una de sus capitales más auténticas, la mágica Oporto

Oporto (Porto para los portugueses) es una ciudad magnética, inolvidable. En los meses de invierno se puede sentir su verdadero latido, cuando la niebla sube desde el océano Atlántico y repta por la superficie de la desembocadura del Duero hasta envolver el mítico Puente de Luis I. Es entonces cuando la capital del norte de Portugal transmite su atmósfera más literaria y auténtica. Esta guía de dos días propone un recorrido por sus colinas, sus bodegas centenarias y sus rincones más especiales.

Día 1: De los azulejos a la Ribera

Estación de tren de San BentoDiego Delso

La mañana debe comenzar en la Estación de São Bento. No es solo un nudo de transporte, sino una obra de arte con más de 20.000 azulejos que narran la historia de Portugal; es la mejor bienvenida posible a la ciudad. Desde allí, sube hacia la Sé (Catedral), un edificio fortaleza desde cuya plaza se obtiene una de las primeras panorámicas del laberinto de tejados de Oporto. Al descender por las estrechas escalinatas del barrio de Batalha, llegarás a la Librería Lello. Aunque suele haber colas, su arquitectura neogótica y su escalera carmesí justifican la espera (es imprescindible sacar la entrada online con antelación). A pocos pasos, la Torre de los Clérigos ofrece el punto más alto para situar la ciudad antes de bajar hacia el río.

La famosa Librería LelloGetty Images/iStockphoto

El almuerzo debe ser un homenaje a la cocina popular en los alrededores de la Rua de las Flores, una de las calles más bonitas y rehabilitadas del centro. Por la tarde, el plan es dejarse llevar por la Ribera, el muelle frente al Duero con sus casas de colores y ropa tendida. Al caer el sol, cruza a pie el piso inferior del Puente de Luis I hacia Vila Nova de Gaia. Las vistas de Oporto iluminado desde la otra orilla son, sencillamente, imbatibles. Es el momento de buscar una taberna tradicional para degustar un plato de bacalao en cualquiera de sus infinitas versiones antes de que el frío apriete.

Día 2: Bodegas y arte contemporáneo

Vista aérea de Vila Nova de GaiaGetty Images

El segundo día cruza de nuevo a Vila Nova de Gaia, pero esta vez para entender el motor económico de la ciudad: el vino de Oporto. Visitar una bodega es obligatorio; Graham’s o Taylor’s ofrecen las experiencias más completas con catas que explican la diferencia entre un Tawny y un Ruby. Tras la visita, toma el histórico tranvía número 1 en la orilla de Oporto. Este trayecto bordea todo el río hasta llegar a Foz do Douro, donde el río muere en el océano. En invierno, ver las olas romper contra el Faro de Felgueiras es un espectáculo de naturaleza salvaje que contrasta con el orden del centro histórico.

Café Majestic en OportoGetty Images

Si el tiempo acompaña, la tarde se puede dedicar a los jardines del Palacio de Cristal, que ofrecen vistas despejadas sobre el Duero sin las multitudes de la Ribera. Para los amantes del arte, la alternativa es la Fundación Serralves, un museo de arte contemporáneo diseñado por Álvaro Siza que cuenta con un parque y un treetop walk entre árboles centenarios. La escapada debe terminar de vuelta en el centro, merendando un café con un pastel de nata en el majestuoso Café Majestic, un ejemplo sublime de Art Nouveau que conserva toda la elegancia de los años 20.

Dónde comer

Tradicional Francesinha de OportoGetty Images

Café Santiago (Rua de Passos Manuel) es el lugar de peregrinación para probar la Francesinha. Este sándwich contundente relleno de carnes, cubierto de queso fundido y una salsa secreta picante es el plato nacional de Oporto (precio medio: 15-20 euros). Adega São Nicolau (Rua de São Nicolau), en plena Ribera, mantiene la calidad y un trato familiar. Su especialidad es el filete de pulpo con arroz o el bacalao a la muiñeira (precio medio: 30-35 euros). Y la Cervejaria Gazela (Rua de Entreparedes) es un local pequeño y estrecho famoso por sus cachorrinhos (perritos calientes al estilo de Oporto, picantes y crujientes). Ideal para una comida rápida, barata y deliciosa (precio medio: 10-15 euros).

El detalle para llevarse

Oporto ha convertido sus productos tradicionales en objetos de diseño. En la tienda A Vida Portuguesa encontrarás desde las famosas latas de conservas de pescado con envoltorios retro hasta los jabones Claus Porto, que llevan fabricándose en la ciudad desde 1887 y son un referente de lujo en todo el mundo.