Edificio del Club Metrópolis en Madrid, entre la Gran Vía y la calle AlcaláGetty Images

Club Metrópolis se convierte en el nuevo templo del buen vivir y el buen comer de Madrid

Tras seis años de reforma, el emblemático edificio empieza una nueva vida como club privado y hotel con restaurantes. El chaflán más cañí de la capital es el lugar del momento para ver y ser visto

Confluencia de las calles Gran Vía y Alcalá. Kilómetro cero de esa identidad visual de la Villa y Corte cosmopolita y castiza al mismo tiempo. Un esquinazo noble y emblemático como pocos en este rompeolas de todos los madriles. El edificio Metrópolis, inaugurado en 1911 como sede de la Compañía de Seguros La Unión y el Fénix, es desde hace décadas una de esas postales oficiales que aspiran a condensar Madrid en una sola imagen. Y ahora, tras seis años de reforma y una interesante combinación de visión audaz, ambición y buen gusto, uno de los chaflanes del madrileñismo más elegante alza su voz pidiendo también protagonismo social.

El nuevo espacio mezcla club privado, siete espacios gastronómicos, hotel boutique de 19 habitaciones y una soberbia terraza

Lo hace con una fórmula inédita en la ciudad hasta el momento que mezcla club privado, siete espacios gastronómicos, hotel boutique de 19 habitaciones y una soberbia terraza en un edificio protegido de más de 6.000 metros cuadrados repartidos en ocho plantas. Al frente del proyecto, Sandro Silva y Marta Seco, responsables de algunos de los restaurantes más influyentes del Madrid contemporáneo, de Ten con Ten a Amazónico.

Inauguración oficial

La Cibeles mira hacia el edificio MetrópolisGrupo Paraguas

La ironía meteorológica ha querido que la presentación en sociedad de la joya de la corona del Grupo Paraguas haya transcurrido bajo la intensa lluvia que cae sobre Madrid estos días. Tal vez desluzca la inauguración oficial que tendrá lugar el jueves día 29, donde se espera, además de a las autoridades madrileñas, a esos personajes de distintos ámbitos que hacen de la Villa y Corte una variopinta pasarela.

La cúpula ha servido de emblema del proyecto y la encontraremos bordada en las almohadas en las habitaciones y en los uniformes del personal

Pero nada parece perturbar el evidente entusiasmo de Sandro Silva ante la joya de la corona de su exitoso imperio, que abrirá sus puertas al público el próximo viernes. «Este edificio nos estaba esperando. Y está lleno de una energía contagiosa muy especial», señala Silva a El Debate mientras observa orgulloso la cúpula que corona el edificio. La pizarra negra brilla con la lluvia al igual que las alas de la Victoria alada que corona la cúpula y que ha servido de emblema del proyecto. La encontraremos bordada en las almohadas en las habitaciones, en uniformes del personal y hasta en un curioso grifo de cerveza en el bar de la entrada. Una Niké, una representación de la libertad y el triunfo. Tiene lógica que Sandro Silva se identifique con ella.

Compañía de seguros

Interior del edificioGrupo Paraguas

Pero no siempre estuvo allí. El edificio se inauguró en enero de 1911 como sede de la Compañía de Seguros La Unión y el Fénix. Su construcción fue adjudicada por concurso internacional en el que participaron arquitectos españoles y franceses, resultando ganador el proyecto de Jules y Reymond Févrie, de ahí el aire francés de sus bellos elementos compositivos y ornamentales que enmascaran el hecho de que es uno de los primeros edificios madrileños construidos en hormigón.

Originalmente, el grupo escultórico de la cúpula, como emblema de la compañía de seguros, era un Ave Fénix con una figura humana sobre sus alas. Al hacerse cargo del edificio la Compañía Metrópolis en 1975 se sustituyó la figura por una Victoria alada de Federico Coullaut.

La Victoria alada en lo alto de la cúpulaGrupo Paraguas

En su nueva vida, el estudiado proyecto que se inició en 2019 se apoya en una división clara entre lo público y lo reservado a sus socios. La planta calle y el nivel -1 funcionan como zona de acceso general, con propuestas gastronómicas abiertas a cualquiera que cruce la puerta. Por encima, el edificio se vuelve club: las áreas más nobles se guardan para los socios, con prioridad absoluta en reservas y uso de espacios.

La membresía, según las cifras que se manejan en el entorno del proyecto, ya está completa antes de abrir, con lista de espera. El número que se repite es el de 1.500 socios, con 2.000 euros de inscripción y una cuota anual desde 3.500 euros. En otras palabras, un club que no se vende como club de negocios, sino como casa social contemporánea: gastronomía, noches largas, programación y un tipo de pertenencia que hoy se ha vuelto un producto en sí mismo. «Queremos que el club funcione como una gran casa madrileña, con un anfitrión que disfruta compartiéndola con sus amigos», señala Silva.

Estética con firma

Hay siete espacios gastronómicosGrupo Paraguas

En lo estético, el edificio lleva la firma de Lázaro Rosa Violán, interiorista de cabecera de la pareja, y aquí se mueve en distintos registros, de ambientes muy refinados a aquellos que buscan cierta teatralidad, como ya ensayó en Amazónico. El sótano, por ejemplo, juega con una estética casi submarina, con guiños a la fantasía marina y a la puesta en escena. Allí aparece uno de los elementos más comentados del edificio: un bar con piscina de langostas, un detalle entre lo teatral y lo provocador que conecta con ese gusto de Paraguas por convertir un comedor en un pequeño espectáculo.

Cocina de uno de los restaurantesGrupo Paraguas

En la parte reservada a socios está el restaurante Victoria, un nombre que mira directamente hacia arriba, a la estatua que corona la cúpula y al relato del edificio. Es sin duda el espacio más elegante y con soberbias vistas de Madrid. El club, además, incorpora zonas de vida social y bienestar, con gimnasio, sauna y espacios pensados para actividad y eventos, en un modelo que no se limita a la mesa, sino que quiere ocupar el día completo.

El hotel es deliberadamente pequeño: solo 19 habitaciones, todas decoradas de forma exquisita

El hotel, por su parte, es deliberadamente pequeño. Tan solo 19 habitaciones, todas decoradas de forma exquisita donde se aprecia la mano de Marta Seco. Al tener tan pocas, se espera que buena parte de la demanda inicial la canalicen los propios socios. Las tarifas, según temporada y categoría, oscilan entre cifras que pueden ir de los 500 a los 2.000 euros por noche, en línea con el posicionamiento de la casa.

Detalle del interior del edificioGrupo Paraguas

Aunque en la cultura popular la calle de Alcalá se asocie a ese Madrid cañí y castizo, con las floristas que van y venían, la realidad es que esta gran arteria también ha sido, durante más de un siglo, un escaparate de poder. Las aseguradoras levantaron aquí algunos de sus grandes inmuebles porque necesitaban proyectar solvencia. Era una arquitectura que funcionaba a modo de reclamo publicitario y de garantía de músculo financiero para un producto que no se conocía mucho, como eran los seguros. Esa monumentalidad sigue ahí, pero ahora ha cambiado de uso.

Sandro Silva y Marta Seco están al frente del proyectoGrupo Paraguas

El Metrópolis reabre como club, restaurantes y hotel boutique, y el mapa se completa con otros giros del eje: Canalejas, donde el histórico Palacio de la Equitativa es hoy el hotel Four Seasons, y el antiguo Generali de Alcalá 21, ya anunciado como futuro Radisson Collection. Es fácil adivinar que una de las conversaciones recurrentes de los socios del Club y sus invitados podría ser sobre el futuro del espléndido edificio Zurich, también en la calle Alcalá, que acaba de cambiar recientemente de manos. La comida de la ciudad, en determinados ambientes, es adivinar cuál será la próxima gran marca hotelera internacional que desembarque en esta avenida de floristas, nardos en la solapa y flores en la vista.