Es, probablemente, la imagen más icónica del «vértigo» en España. El pueblo se asienta sobre un impresionante risco basáltico de 50 metros de altura y casi un kilómetro de largo, formado por la erosión de dos ríos sobre restos volcánicos. Las casas se alinean justo al borde del precipicio, creando una silueta única que parece flotar sobre el valle del Fluvià.