Situada en el Paseo de Gracia, esta vivienda es una explosión de fantasía. Su fachada, que recuerda a la superficie de un mar en calma o al lomo de un dragón, convierte un encargo de reforma en una obra de arte total. Cada detalle, desde las empuñaduras ergonómicas de las puertas hasta el sistema de ventilación del patio de luces, demuestra que para Gaudí la estética nunca estaba reñida con la funcionalidad.