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8 escapadas de San Valentín para los que odian San Valentín

Olvídate de los osos de peluche, los bombones, los globos y los menús con forma de corazón. Si el 14 de febrero te produce alergia, pero te apasiona viajar, aquí tienes ocho destinos para huir de la cursilería y centrarte en lo que importa: comer bien, dormir mejor y brindar por la vida

África Giménez

01 feb. 2026 - 04:30

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Ribera del Duero: cuando el amor es un buen tinto

Cambia el cava rosado por un vino con cuerpo. Recorrer la Milla de Oro del vino en Valladolid es el antídoto perfecto contra la cursilería. El plan es sencillo: visitar bodegas de vanguardia como Protos o Pago de Carraovejas, comer un lechazo que te haga llorar de alegría y alojarte entre viñedos. Aquí lo único que se «marida» es el buen criterio con el buen beber.

Lavadodecerebro

Menos Torre Eiffel y más Canal Saint-Martin

Si quieres evitar las hordas de parejas haciéndose selfis en el Trocadero, huye al distrito 10. El París del Canal Saint-Martin es el de los locales, los vinos naturales y las panaderías artesanales como Du Pain et des Idées. Pasear por sus orillas con una cerveza en la mano es el plan más «anti-postal» y auténtico que puedes hacer en la capital francesa.

Getty Images/iStockphoto

Lisboa desde las alturas: miradores y ‘ginjinha’

Lisboa se disfruta mejor con un vaso de ginjinha en la mano y la vista perdida en el Tajo. Olvida las cenas románticas y lánzate a la ruta de los miradores: Graça, Senhora do Monte o Santa Catarina. El plan es ver atardecer con música callejera de fondo, sin etiquetas ni reservas, simplemente sintiendo la elegante melancolía de una ciudad que no necesita a San Valentín para enamorar.

Getty Images

Marrakech desde un riad histórico

Perderse en la Medina es la mejor forma de que nadie te encuentre, ni siquiera Cupido. Alójate en un riad reformado donde el lujo no sea el lujo rosa, sino el silencio del patio interior y el olor a azahar. Regatear en los zocos, tomar un té a la menta en una azotea y oler las especias en la plaza Jemaa el-Fna es la aventura sensorial definitiva.

Getty Images/Olena Znak

Una noche de reyes en un castillo medieval

Si vas a celebrar algo, que sea la historia. Dormir entre los muros de piedra de un castillo medieval del siglo XII es un planazo, vayas con quien vayas. El Parador de Sigüenza ofrece ese ambiente sobrio y señorial que está a años luz de un hotel de diseño moderno y cursi. Un buen asado castellano y un paseo por sus murallas valen más que mil cajas de bombones.

Paradores

Desconexión en un spa de Castilla

Para los que necesitan un reset total, nada como los beneficios del agua termal en un entorno monumental como el Monasterio de Valbuena (Valladolid). Aquí el lujo es el silencio y el diseño integrado en la piedra antigua. Es un plan de autocuidado puro donde el único protocolo es ponerse el albornoz y olvidarse de mirar el móvil (y el calendario).

Castilla Termal Hoteles

Berlín en modo hedonismo ‘underground’

Buscas el polo opuesto al romanticismo tradicional? Berlín es tu sitio. Cambia el concierto de violines por una sesión de electrónica en el distrito de Friedrichshain o una visita a las galerías de arte de un antiguo búnker. La capital alemana es cruda, directa y fascinante; el lugar ideal para brindar por la soltería o por una relación que no necesita San Valentín para validarse.

Getty Images/iStockphoto

San Sebastián: el amor también entra por el estómago

Si el 14 de febrero te pilla en la Parte Vieja donostiarra, tu única preocupación será elegir el siguiente pintxo. Ir de taberna en taberna por la calle 31 de Agosto, con un txakoli y una gilda, es el plan más honesto del mundo. Porque al final no hay nada más real que un buen chuletón compartido y un paseo por La Concha para bajar la comida.

Getty Images/Iakov Filimonov

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