Es una de las catedrales góticas más grandes del mundo, pero su verdadero valor turístico está en el tejado. Se puede caminar por las terrazas entre agujas y gárgolas de mármol de Candoglia, lo que ofrece una perspectiva única del urbanismo milanés. En días despejados, desde aquí se ven los Alpes, el escenario natural de las pruebas de esquí de estos Juegos.