La ciudad de España que sorprendió a Hans Christian Andersen en su viaje de 1862Getty Images

La ciudad de España que sorprendió a Hans Christian Andersen en su viaje de 1862: «Es un oasis en Europa»

El autor de El patito feo recorrió muchas regiones de España entre los meses de septiembre y diciembre de 1862 y plasmó todas sus impresiones en el maravilloso libro Viaje por España

Muchos, casi todos, lo conocen como el autor de históricos cuentos infantiles como El patito feo, Pulgarcita, El soldadito de plomo y La sirenita, pero quizá no tantos sepan que el escritor danés Hans Christian Andersen viajó a España en el año 1862 movido por la curiosidad, el romanticismo de la época y una cierta fascinación por lo desconocido. Como resultado de ese viaje publicó Viaje por España, una recopilación de sus impresiones durante ese viaje realizado entre los meses de septiembre y diciembre por varias regiones españolas.

El escritor danés recorrió buena parte de la geografía española y le impresionó sobremanera descubrir «un auténtico oasis en pleno Mediterráneo europeo»

Andersen tomó buena nota de las costumbres y la vida cotidiana de nuestro país entre septiembre y diciembre de 1862 visitó las provincias de Barcelona, Valencia, Alicante, Murcia, Málaga, Granada, Cádiz, Sevilla, Córdoba, Madrid, Toledo y Burgos, lugares de los que dejó retratos plagados de pintorescas anécdotas y detalles, con impresiones desiguales (a veces críticas, a veces melancólicas). Pero hubo un lugar que lo descolocó por completo. No fue una gran capital ni una urbe monumental, sino Elche, una ciudad que describió como «un auténtico oasis en pleno Mediterráneo europeo».

Viajero del XIX

Ilustración antigua del Bosque de Palmeras en Elche, en la provincia de AlicanteGetty Images

El escritor cuenta así su llegada la ciudad alicantina: «Nos acercábamos a Elche, ya se distinguía su valle rebosante de frutos y su inmenso palmeral, el mayor y más hermoso de Europa, el más paradisíaco de toda España». Porque lo que fascinó a Andersen no fue una catedral ni un palacio, sino el Palmeral de Elche, un paisaje que no se parecía a nada que hubiera visto antes. Miles de palmeras rodeando y atravesando la ciudad, organizadas en huertos históricos, creaban una imagen que le remitía directamente a África y Oriente. Para un viajero del siglo XIX, acostumbrado a las ciudades grises del norte de Europa, Elche rompía todos los esquemas.

Una atmósfera especial

El Palmeral de Elche es Patrimonio de la HumanidadGetty Images/iStockphoto

En su relato, Andersen insiste en esa sensación de extrañeza: Elche no parecía una ciudad europea convencional, sino un enclave casi oriental trasplantado a España. Las palmeras, alineadas y elevándose sobre las casas, transformaban la percepción del espacio urbano y generaban una atmósfera irreal, casi de cuento. No es casualidad que esa palabra, cuento, sea clave para entender su mirada: Elche encajaba perfectamente en su universo literario.

Monumento a Hans Christian Andersen en Málaga, ciudad que también visitóGetty Images/Daniel Capilla

A diferencia de otras ciudades españolas que le impresionaron por su historia o su monumentalidad, Elche lo hizo por el paisaje. El escritor danés entendió intuitivamente que aquel palmeral no era un simple adorno, sino el resultado de siglos de cultura agrícola heredada del mundo islámico. Un sistema de riego, ordenación y aprovechamiento del territorio que había sobrevivido al paso del tiempo casi sin alterarse.

Una plantación única

Fuente en el interior del Palmeral de ElcheGetty Images

Hoy, más de siglo y medio después, el Palmeral sigue siendo el gran rasgo identitario de Elche desde hace más de mil años y el motivo por el que fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Con más de 200.000 ejemplares y unos 50.000 en los viveros municipales dispuestos a ser plantados, el palmeral ilicitano es el mayor de Europa. Aunque contemplado desde cierta distancia puede parecer un bosque, en realidad es una plantación realizada con fines agrarios, de ahí que a las parcelas o a sus agrupaciones se les denomine huertos.