El magnífico Parador de España donde Pedro ‘El Cruel’ encerró a su esposa para irse con su amante
El magnífico Parador de España donde Pedro ‘El Cruel’ encerró a su esposa para irse con su amante
Pedro I de Castilla se casó por política y rompió el matrimonio casi de inmediato: su corazón estaba con María de Padilla. La reina repudiada, Blanca de Borbón, fue confinada en un castillo hoy convertido en Parador y forjó una de las grandes leyendas de la red
Pedro I de Castilla (1334-1369) tenía fama de ejercer la violencia y los castigos de forma implacable en un reinado marcado por intrigas, guerra civil y ajustes de cuentas entre bandos nobiliarios. Sus enemigos, sobre todo el entorno de su hermanastro Enrique de Trastámara, impulsaron el mote de El Cruel como parte de una campaña política para deslegitimarlo. El pueblo y los partidarios de Pedro, por su parte, lo apodaban El Justiciero o El Justo, porque apoyaban su política de fortalecimiento de la autoridad real frente a la alta nobleza, a quien no permitió ejercer los abusos indiscriminados sobre sus vasallos, por lo cual se ganó la antipatía de esta.
El Parador conserva el lugar que la tradición señala como la celda de Doña Blanca, que puede ser visitada por los huéspedes
Hijo de María de Portugal y de Alfonso XI de Castilla, Pedro fue rey de Castilla desde 1350 (con solo 15 años) hasta su asesinato en 1369 por, quién si no, su hermanastro Enrique de Trastámara, descendiente del prolífico Alfonso XI, quien tuvo muchos hijos bastardos, entre ellos los Trastámara, lo cual provocó odios y luchas por el trono.
Matrimonio efímero
Placa junto a la celda del castillo de Sigüenza que ocupó la joven Blanca de Borbón
Para consolidar su reinado, El Cruel o El Justo Pedro I de Castilla, necesitaba afianzar alianzas y en 1353 se casó con Blanca de Borbón, una joven francesa con pedigrí y utilidad diplomática. El problema es que el rey ya tenía un vínculo sentimental (y muy visible) con María de Padilla. La boda salió adelante, pero el matrimonio duró lo que tarda en torcerse una corte: según relatan las fuentes y la tradición historiográfica, Pedro abandonó a Blanca a los pocos días y volvió con su amante, que acabaría convirtiéndose en la figura central de su vida privada y política.
Interior del Parador de Sigüenza visto desde una ventana
Blanca, reina sin reino, pasó de ser un activo internacional a un estorbo interno. Su destino fue una cadena de confinamientos en distintos lugares del reino, un vaivén que la convirtió en rehén de las tensiones entre bandos nobiliarios y de la propia inestabilidad del reinado. El castillo-palacio de los obispos de Sigüenza, actual Parador de Sigüenza, aparece en ese itinerario: hay estudios y referencias locales que sitúan su encierro allí durante cuatro años, entre 1355 y 1359, en la segunda mitad de la década de 1350. De hecho, el Parador conserva el lugar que la tradición señala como su celda. Ubicada en el salón de Doña Blanca, en el ala derecha del Parador, puede ser visitada por los huéspedes a través de las visitas organizadas por el Parador.
Interior iluminado de este magnífico Parador en un castillo medieval
A medida que la guerra civil entre Pedro I y su hermanastro Enrique de Trastámara se recrudecía, el rey decidió mover a Blanca a castillos más alejados de la línea del frente para evitar que fuera rescatada por los nobles opositores. Pasó por el Alcázar de Jerez y por el castillo de Medina Sidonia, donde falleció en 1361, a los 25 años de edad, según los Trastámara, envenenada por orden de Pedro.
El 'fantasma' de la reina
Habitación doble superior del Parador
Sea cual sea el grado exacto de responsabilidad y el detalle final, el relato dejó una huella perfecta para el folclore: una reina joven, apartada, encerrada, y un rey que eligió a su amante por encima de la razón de Estado. De ahí a la leyenda hay un paso.
Huéspedes y trabajadores han referido relatos sobre sollozos nocturnos, ruidos de cadenas y presencias en pasillos y estancias del castillo
En el Parador de Sigüenza, el lugar que más se asocia al sufrimiento de Blanca, ese paso se llama El fantasma de la reina: huéspedes y trabajadores han referido relatos, ciertos o no, de sollozos nocturnos, ruidos de cadenas y presencias en pasillos y estancias del castillo, que ciertamente es un lugar que impresiona cuando cae la noche.
Un hotel espectacular
Patio interior del Parador de Sigüenza
El castillo medieval que acoge el Parador de Sigüenza (Guadalajara) impresiona por fuera y por dentro. Ocupa una espectacular fortaleza del siglo XII levantada sobre una antigua alcazaba árabe y domina toda la ciudad. Reyes, cardenales y obispos residieron en esta fortaleza. Hoy conserva el patio empedrado, una capilla románica del siglo XIII y estancias con bóvedas y sabor medieval combinadas con confort contemporáneo. Es un alojamiento único, perfecto para quienes valoran dormir en un edificio con historia real, con silencio y con una leyenda fantástica, además de gozar de buenas vistas y la posibilidad de bajar dando un agradable paseo para disfrutar del casco histórico, la gastronomía y la hospitalidad de la ciudad del Doncel.