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12 lugares de Europa y del mundo a los que no puedes viajar (por mucho que quieras)

Hay destinos que se vuelven virales por una paradoja: cuanto más prohibidos están, más deseo generan. Unos están blindados por la ciencia y otros por la geopolítica, la seguridad o la conservación. En esta galería hay islas, cuevas y ciudades donde el turismo choca con un muro a veces legal y otras más bien práctico.

África Giménez

26 feb. 2026 - 04:30

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Surtsey (Islandia): la isla-laboratorio solo para científicos

Nacida de una erupción en los años 60, Surtsey es un experimento natural a escala real: cómo se coloniza un territorio nuevo sin interferencias. Por eso la regla es radical: está prohibido desembarcar o bucear junto a la isla, y solo acceden investigadores con permisos estrictos. El resto de los viajeros se conforma con verla de lejos, desde un barco o un avión.

Getty Images/iStockphoto

Lascaux (Francia): la cueva salvada del turismo

Es una de las catedrales del arte rupestre… y precisamente por eso no se puede visitar. La cueva original está cerrada al público desde 1963 para proteger sus pinturas, dañadas por el calor, la humedad y el CO₂ de los visitantes. La experiencia turística se traslada a reproducciones como Lascaux IV, que permite ver el conjunto sin poner en riesgo el original.

worldhistory.org

Poveglia (Italia): la isla veneciana «inalcanzable»

A pocos minutos de la Venecia más masificada, la isla de Poveglia es el caramelo envenenado: todo el mundo habla de ella, pero casi nadie pisa su suelo. Entre ruinas, ausencia de infraestructuras y restricciones, se considera cerrada en la práctica para visitas turísticas normales. Ese veto (y sus leyendas) la han convertido en el clásico destino fantasma que se mira, se imagina… y se deja atrás.

Getty Images

Varosha (Chipre): el barrio fantasma con acceso vigilado

Varosha fue durante décadas una postal congelada, con hoteles abandonados y calles desiertas. Desde 2020 se han reabierto zonas concretas (sobre todo paseo y playa) con horarios y áreas cerradas, en un contexto político delicado. Es el ejemplo perfecto del «no puedes ir… del todo»: se puede entrar a una parte, pero gran parte sigue fuera de alcance y bajo control.

Getty Images/iStockphoto

Gruinard (Escocia): la «isla del ántrax»

Pequeña, solitaria y con una historia que impone respeto: en 1942 fue usada para experimentos militares con ántrax y quedó contaminada durante décadas. No se descontaminó hasta 1990, y durante mucho tiempo estuvo bajo cuarentena con visitas prohibidas. Hoy no es un destino turístico al uso: su fama, su pasado y su aislamiento la mantienen como uno de esos lugares que atraen… precisamente por no ser «visitables».

Getty Images

Isla Heard (Australia): naturaleza extrema muy protegida

Heard Island parece el fin del mundo: subantártica, remota, sin servicios y con una biodiversidad que se protege con lupa. Para entrar en este territorio australiano (y realizar actividades) se requiere permiso específico, y no es el tipo de sitio al que uno se presente por libre. Entre la burocracia y la logística, es un no elegante: solo para expediciones autorizadas y muy preparadas.

Steve Wray/DSEWPaC

Diego García (Océano Índico): paraíso sin turismo

Si te gustan los mapas, la reconocerás; si sueñas con ir, olvídalo. Las autoridades del Territorio Británico del Océano Índico lo dicen sin rodeos: no es un destino turístico. No hay vuelos comerciales y el acceso a este atolón se limita a personas con conexión con la instalación militar o la administración. Para los viajeros, es una isla visible en el mapa… e inaccesible en la práctica.

Getty Images/iStockphoto

Isla Sentinel del Norte (India): peligro de muerte

Pocas prohibiciones son tan claras. La India restringe desde hace décadas el acceso para proteger a los sentineleses, un pueblo indígena en aislamiento voluntario, especialmente por el riesgo de contagios, y que además recibe a los visitantes a flechazo limpio (han causado varias muertes). Visitarla es ilegal: no se puede aterrizar, ni desembarcar, ni acercarse como quien curiosea desde una lancha.

Queimada Grande (Brasil): la isla de las serpientes

Su apodo lo dice todo. Situada frente a la costa del estado de São Paulo, Queimada Grande está cerrada al público por seguridad y conservación: es el hogar de la víbora cabeza de lanza dorada, endémica y venenosa. El acceso queda reservado a la Marina brasileña y a investigadores seleccionados. Es uno de esos lugares que Internet adora: un paraíso (o infierno) natural donde el turismo no tiene cabida.

Marinha do Brasil

Isla de Trindade (Brasil): bajo control de la Marina

Este enclave volcánico perdido en el Atlántico Sur, a más de 1.100 kilómetros de la costa continental, es administrado por la Marina de Brasil. No es un destino convencional. No hay hoteles, ni ferris, ni agencias que vendan excursiones. El acceso está restringido y depende de autorización oficial, generalmente vinculada a misiones científicas o actividades militares. Un destino brasileño fuera del alcance del viajero.

Getty Images/iStockphoto

Norilsk (Rusia): «cerrada» a los extranjeros

Está situada en la región de Krasnoyarsk, en Siberia, por encima del Círculo Polar Ártico, y es uno de los núcleos urbanos más septentrionales y aislados del planeta. Desde 2001, el gobierno ruso restableció su estatus de «ciudad cerrada», lo que significa que los ciudadanos extranjeros no pueden entrar sin un permiso especial emitido por las autoridades rusas. ¿Por qué? Es uno de los mayores centros mundiales de producción de níquel y paladio, explotados por la compañía Nornickel.

Getty Images

Pine Gap (Australia): el «Área 51» del hemisferio sur

En pleno centro de Australia, Pine Gap es sinónimo de secreto: instalación de defensa e inteligencia operada conjuntamente con Estados Unidos, rodeada de misterio popular. ¿Turismo? Ninguno: se considera un recinto cerrado al público. Puedes acercarte a la región, pero no cruzar el umbral. Pine Gap suele compararse con la Área 51 estadounidense: ambos son lugares militares de alto secreto y completamente vetados al turismo.

Andy Mitchell

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