Después de recorrer y filmar el Planeta Tierra, Attenborough siempre ha mantenido una relación íntima con Richmond, al suroeste de Londres, donde vive desde hace décadas. No es un destino exótico, pero sirve para recordar que la naturaleza también empieza en la puerta de casa, en jardines, parques y aves urbanas, en esos pequeños ecosistemas cotidianos que también aprendimos a mirar gracias a Sir David.