Casi tan cinematográfico como el de Brooklyn, el Golden Gate, inaugurado en 1937, cruza el estrecho que comunica la bahía de San Francisco con el Pacífico. Su color rojo anaranjado, la niebla frecuente y las colinas que lo rodean lo han convertido en un icono del oeste de los Estados Unidos. Puede recorrerse a pie o en bicicleta, con miradores excelentes en ambos extremos.