Vlkolinec, el pueblo de Eslovaquia que quiere dejar de ser Patrimonio Mundial
El pueblo que quiere dejar de ser Patrimonio Mundial: «Viviríamos mejor si la Unesco nos borrara de la lista»
Una pequeña aldea de Eslovaquia se ha visto desbordada por el turismo y sus escasos habitantes están hartos de ver a curiosos asomando la nariz por las ventanas de sus casas declaradas Patrimonio de la Humanidad
En principio, entrar en la lista de Patrimonio Mundial de la UNESCO parece una magnífica noticia para cualquier destino. Supone reconocimiento internacional, protección patrimonial y una visibilidad turística difícil de conseguir de otra manera. Pero en Vlkolinec, una pequeña aldea de montaña situada en el centro de Eslovaquia, sus vecinos han llegado a la conclusión contraria: entrar en la lista es un pequeño infierno.
Vlkolinec posee el conjunto de casas de madera típicas de las zonas de montaña más completo de su género en toda la región
Vlkolinec fue incorporado al Patrimonio Mundial en 1993 por conservar un conjunto excepcional de arquitectura rural tradicional de los Cárpatos. Según la Unesco, «posee un conjunto de 45 edificaciones en un estado de conservación admirable. Este conjunto de casas de madera, típicas de las zonas de montaña, es el más completo de su género en toda la región». Precisamente esa autenticidad y esa «conservación admirable» es el origen del conflicto: no se trata de un decorado ni de un parque temático, sino de un lugar donde todavía vive gente.
«Nos hemos convertido en un zoo»
Vlkolinec y su arquitectura rural tradicional de los Cárpatos
Anton Sabucha, uno de los 14 residentes permanentes del pueblo, ha sido muy elocuente al respecto: «Viviríamos mejor si la UNESCO nos borrara de la lista. Nos hemos convertido en un zoo». Su queja resume el problema de fondo: una comunidad mínima que recibe cada año decenas de miles de visitantes y que, según los vecinos, ha perdido parte de su vida cotidiana.
Vlkolinec recibe alrededor de 100.000 visitantes al año frente a los apenas 14 habitantes permanentes
La desproporción es enorme e insostenible: según las cifras publicadas por medios europeos, Vlkolinec recibe alrededor de 100.000 visitantes al año, frente a los apenas 14 habitantes permanentes, repartidos en cuatro familias. Cuando fue inscrito como Patrimonio Mundial, en 1993, vivían allí 27 personas en siete familias. La caída de población y la presión turística explican que algunos vecinos hablen de una aldea convertida en «un museo al aire libre».
Casas de Vlkolínec (Eslovaquia) declaradas Patrimonio de la Humanidad
El problema, según los residentes, es que muchos visitantes se comportan como si entraran en un museo etnográfico. Fotografían fachadas, pasean por zonas privadas, entran en patios y miran por las ventanas de casas habitadas. A ello se suman las restricciones vinculadas a la conservación, que los vecinos perciben como una limitación para actividades cotidianas como mantener animales, trabajar pequeñas parcelas o reformar viviendas.
Muchos visitantes se comportan como si entraran en un museo etnográfico. Fotografían fachadas, pasean por zonas privadas y miran por las ventanas de casas habitadas
La paradoja es evidente. Lo que se protegió para conservar un pueblo vivo corre el riesgo de convertirse en un desastre. Además, salir de la lista de la Unesco no es sencillo. La retirada de una declaración de Patrimonio Mundial es algo excepcional y normalmente se produce cuando un lugar pierde los valores que justificaron su inscripción, no solo porque los vecinos lo soliciten, como es el caso. Hasta ahora, la Unesco solo ha retirado completamente esa condición a unos pocos sitios en todo el mundo.