El nuevo hotel de San Sebastián
De cine histórico a flamante hotel de lujo, así es el nuevo Palacio Bellas Artes San Sebastián
En la era de Netflix, las antiguas salas buscan nuevos usos y muchas los encuentran en la hotelería. El último caso es el Bellas Artes de la capital guipuzcoana, que acaba de reabrir después de más de cuarenta años cerrado
San Sebastián, una de las ciudades españolas más ligadas al cine, especialmente por su célebre festival internacional, acaba de sumarse a una tendencia cada vez más visible. El antiguo cine Bellas Artes, inaugurado en 1914 y cerrado desde 1982, ha vuelto a abrir sus puertas convertido en el Hotel Palacio Bellas Artes San Sebastián, un establecimiento de 81 habitaciones integrado en Curio Collection, una de las marcas de lujo del gigante americano Hilton.
El edificio, proyectado por Ramón Cortázar durante la Belle Époque donostiarra, fue uno de los primeros construidos expresamente como cinematógrafo en España. Durante décadas funcionó también como teatro, sala de fiestas y lugar de encuentro para varias generaciones de la ciudad. Tras su cierre permaneció vacío durante más de cuarenta años y fue deteriorándose lentamente en una de las principales entradas al centro de la ciudad.
El largo proceso de rehabilitación no ha estado exento de polémica. Mientras asociaciones vecinales y defensores del patrimonio denunciaban la pérdida de algunos elementos del antiguo cine, los propietarios sostenían que el inmueble se encontraba prácticamente en ruinas y que la transformación hotelera era la única posibilidad de garantizar su supervivencia. Los trabajos, en cualquier caso, han incluido la recuperación de la fachada, la restauración de distintos detalles ornamentales y la reconstrucción de su característica cúpula.
Nuevo hotel de San Sebastián
El resultado conserva numerosos guiños a la antigua sala. Los huéspedes del hotel acceden al vestíbulo por el lugar que ocupaba el escenario, lo que aporta cierta teatralidad a toda la experiencia, y atraviesan después el antiguo arco de embocadura. Las habitaciones reciben nombres como Galería, Anfiteatro y Gran Platea, mientras que algunas suites recuerdan los palcos que ocupaban las mejores posiciones del cine. La más singular se encuentra bajo la cúpula reconstruida.
La gastronomía ocupa también un lugar importante. El restaurante Lotu está dirigido por Andoni Luis Aduriz, responsable de Mugaritz, distinguido con dos estrellas Michelin. Su propuesta intenta recuperar el espíritu de los grandes comedores de comienzos del siglo XX, donde actores, escritores, cineastas y viajeros se reunían después de una representación o durante las temporadas estivales. La carta revisa clásicos como el pâté en croûte, el lenguado meunière o el solomillo Wellington, junto a platos vascos como el txangurro a la donostiarra. El restaurante ocupa parte del espacio de los antiguos palcos y cuenta con un obrador propio.
La apertura del Bellas Artes forma parte de una tendencia en la que cada hotel ha optado por contar de manera distinta el pasado cinematográfico del edificio. En Sevilla, el actual Cristine Bedfor ocupa el antiguo Cine Trajano, que antes fue teatro, prisión militar, cine convencional y, más tarde, una popular sala pornográfica. La rehabilitación ha conservado parte de su atmósfera teatral y el espacio vuelve a acoger algunos encuentros culturales. Madrid ofrece el caso más claro de convivencia entre ambas funciones. El UMusic Hotel integra el histórico Teatro Albéniz, restaurado y aún activo, con 898 localidades y una programación de musicales, conciertos y espectáculos.
U Music Hotel de Madrid
Fuera de España también se han ensayado soluciones muy distintas. El Hotel Rival de Estocolmo, propiedad de Benny Andersson, uno de los integrantes de ABBA, ocupa un antiguo cine cuya gran sala se transformó en un teatro de 735 butacas que todavía recibe conciertos y representaciones. En Sídney, el 25hours Hotel The Olympia ha convertido el pasado del antiguo West Olympia Theatre en parte de su identidad y cuenta con una pequeña sala para proyectar películas de culto. El Cinema Hotel de Tel Aviv, instalado en el antiguo Esther Cinema, ha llenado sus espacios de cámaras, carteles, fotografías y recuerdos de la histórica sala Bauhaus.
Pero no todos los hoteles saben aprovechar de la misma manera la historia que han heredado. En París, el edificio que hoy ocupa el Sofitel Le Scribe está relacionado con el nacimiento mismo del cine. En el Salon Indien del Grand Café, situado en el mismo inmueble, los hermanos Lumière organizaron el 28 de diciembre de 1895 la primera proyección pública y de pago de su cinematógrafo. Pocos establecimientos pueden presumir de una conexión semejante. Sin embargo, quien visite hoy el hotel, aunque muy bien renovado y con un emplazamiento excelente, encontrará aquel episodio relegado a un espacio del sótano, recordado mediante unas cuantas fotografías y referencias discretas. Una oportunidad perdida para convertir una historia extraordinaria en uno de los grandes rasgos de identidad del hotel.