El Grand Ballroom del Waldorf Astoria de Nueva York transformado en una pista de teniswaldorfastorianewyork.com

Exclusividad y glamour: los hoteles de lujo de Nueva York compiten en su propio US Open

Una pista de tenis en el Gran Salón del Waldorf Astoria, clases con leyendas, suites de seis cifras, redes de cristal, cócteles temáticos y experiencias reservadas a muy pocos. Durante el US Open, los hoteles más exclusivos de Manhattan juegan también su propio Grand Slam

Durante una noche del actual US Open, uno de los salones más célebres de Nueva York cambió la pista de baile por una de tenis de medidas reglamentarias. Bajo las lámparas del Grand Ballroom del recién reabierto Waldorf Astoria, Tommy Paul, Ben Shelton (el verdugo de Carlitos Alcaraz), Leylah Fernández y Maria Sakkari disputaron varios partidos ante un público entre el que se encontraba Anna Wintour. Andy Roddick ejerció de anfitrión y el antiguo jugador Sam Querrey, de juez de silla. Al día siguiente, unos pocos privilegiados pudieron incluso pelotear allí con jugadores profesionales. Las entradas, a partir de 1.500 dólares, volaron nada más anunciarse.

El Grand Ballroom del Waldorf Astoriawaldorfastorianewyork.com

No era una pista cualquiera. En este mismo salón se celebraron algunos de los grandes bailes de la sociedad neoyorquina, las primeras ceremonias de los Tony y algunas de las primeras Met Gala. Aquí presentó además IBM en 1981 el ordenador personal que acabaría marcando una época. Tras su larguísima restauración, el Grand Ballroom conserva buena parte de esa extraordinaria ornamentación art déco que lo convierte en una de las joyas del Waldorf. Su metamorfosis en pista central fue una jugada maestra. Durante unas horas, uno de los espacios más solemnes de Nueva York se convirtió en una de las imágenes más comentadas del torneo. Y ese es también ahora el nombre del juego, captar la atención, con un toque de originalidad, exclusividad y glamour.

El US Open hace tiempo que desbordó las pistas del Billie Jean King National Tennis Center y cada final de verano convierte Nueva York en una gran fiesta del tenis

El US Open hace tiempo que desbordó las pistas del Billie Jean King National Tennis Center y cada final de verano convierte Nueva York en una gran fiesta del tenis. Como antes ocurría sobre todo con la Navidad, los grandes hoteles aprovechan cada vez más los acontecimientos capaces de transformar durante unos días la vida de una ciudad. Y pocos reúnen tantos ingredientes como este: visitantes de alto poder adquisitivo, patrocinadores, celebridades, marcas, jugadores y una clientela dispuesta a pagar por acceder a experiencias que no estarán disponibles unas semanas después.

El favorito de Djokovic

Terraza del Aman New York en la 5ª Avenida de Manhattanaman.com

Cada hotel juega además según su propia personalidad. Aman New York lo hace casi sin levantar la voz. El que se ha convertido en el hotel más caro de la ciudad no necesita llenar su vestíbulo de pelotas. Tiene un as bastante mejor en la manga: Novak Djokovic, uno de sus embajadores globales, se aloja allí durante el torneo. Aman es además club privado y residencias y algunos hijos de sus socios han tenido estos días la oportunidad de recibir una clase del campeón serbio. Para alguno pudo ser, literalmente, la primera clase de tenis de su vida. Y seguramente la que contará a sus hijos algún día.

Novak Djokovic es embajador de marca del hotel Aman de Nueva Yorkaman.com

Ese acceso se ha convertido en uno de los nuevos lenguajes del lujo. Puede ser una clase con un campeón en activo, unos minutos de conversación con una antigua leyenda antes de un evento o una invitación a una fiesta donde los jugadores aparecen lejos de las gradas. El privilegio ya no consiste únicamente en dormir en la mejor suite, sino en estar un poco más cerca de aquello que está ocurriendo.

El refugio de Nadal

Entrada principal del St. Regis, donde se alojaba Rafa Nadalmarriott.com

Los propios jugadores siguen formando parte, aunque de manera mucho más discreta, de esta geografía hotelera. Aryna Sabalenka, número uno del mundo, se aloja en The St. Regis, otro de los grandes clásicos de Manhattan y un hotel elegido en anteriores ediciones por Rafa Nadal. Hubo un tiempo en que la relación entre tenis y hotel se resumía casi en los aficionados agolpados a la puerta esperando un autógrafo. Hoy esa presencia es solo una pieza más de un engranaje mucho más sofisticado de experiencias, marcas y accesos exclusivos.

Alcaraz, frente a Central Park

Central Park y el hotel Plaza de Nueva York, donde se alojaba Carlos AlcarazGetty Images

En The Plaza, el torneo entra por una vía muy distinta. Pocos hoteles representan mejor la vieja escuela neoyorquina. Donald Trump, que lo compró en 1988, llegó a describirlo como su Mona Lisa. Hoy esta gran dama de la Quinta Avenida comparte escenario con Lacoste y con una generación de estrellas mucho más jóvenes. Las imágenes difundidas durante el torneo situaban además a Carlos Alcaraz en el hotel.

Pocos hoteles representan mejor la vieja escuela neoyorquina que The Plaza. Donald Trump lo compró en 1988 y llegó a describirlo como su 'Mona Lisa'

La colaboración con Lacoste ha transformado durante estas semanas parte del Plaza en un pequeño universo del tenis. Hay un pop-up con piezas exclusivas, las famosas escaleras de la Quinta Avenida se han vestido para la ocasión y The Palm Court, uno de los escenarios clásicos del ‘afternoon tea’ neoyorquino, ofrece su propio Le Café Lacoste. Hasta la pastelería adopta formas de pelotas, polos y pequeños guiños al torneo.

No se trata únicamente de decorar. Estos espacios efímeros ofrecen algo particularmente valioso en tiempos de redes sociales: una imagen que solo puede hacerse ahora. El huésped fotografía, comparte y se lleva además la sensación de haber participado, aunque sea tangencialmente, del acontecimiento. Gana la marca, gana el hotel y gana el propio torneo, que extiende su presencia mucho más allá de Queens.

Paquete de 100.000 dólares

Hotel Lotte New York PalaceDylan Cross/Dragonfly Image Partners

A pocas manzanas, el Lotte New York Palace celebra desde hace nueve años su propio Palace Invitational. Este verano reunió a Serena Williams, Taylor Fritz, Matteo Berrettini y Caroline Wozniacki. Como no siempre cabe una pista de tenis en un hotel de Manhattan, jugaron al pickleball, una modalidad similar al pádel popular en Estados Unidos. El establecimiento ofrece además Game, Set, Sparkle, un paquete de 100.000 dólares con estancia en su Jewel Suite de tres plantas, un brazalete de diamantes y un encuentro privado con los jugadores. Las entradas para el US Open, paradójicamente, no están incluidas.

Con red de cristal

Jannik Sinner en la mesa de ping-pong del hotel Baccaratbaccarathotels.com

Baccarat lleva el juego a su propio terreno. Bajo las lámparas de su Grand Salon mantiene una espectacular mesa roja de ping-pong cuya red, naturalmente, está realizada en cristal Baccarat. Los huéspedes pueden reservar una partida mientras prueban un menú especial concebido como un encuentro a cinco sets o alguno de los cócteles creados para la ocasión. Cada hotel parece decidido a traducir el tenis a su propio idioma.

Tenis y Penthouse

El famoso carrito del hotel The Mark dedicado al tenisthemarkhotel.com

The Mark, mucho más ligado al universo chic del Upper East Side, interpreta el torneo con otro lenguaje. Sus famosos carritos, su decoración y su peculiar merchandising incorporan guiños al tenis y entre los pequeños objetos de deseo aparece una gorra creada para la temporada. En el extremo opuesto, su Grand Slam Extravaganza alcanza los 500.000 dólares e incluye cuatro noches en el gigantesco Mark Penthouse durante el fin de semana de semifinales y finales.

Salón de la suite Penthouse de The Markthemarkhotel.com

La fórmula tiene mucho de norteamericana. Hospitality, espectáculo, grandes marcas, celebridades y deporte convergen aquí con una naturalidad especial. El US Open sirve además de aperitivo de lo que probablemente veremos a una escala todavía mayor en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles de 2028.