Vista panorámica de Viana do CasteloGetty Images

Viana do Castelo

Una de las ciudades más bonitas de Portugal, con mar, río, montaña y un patrimonio histórico excepcional

Viana do Castelo reúne un atractivo increíble: la inmensidad del Atlántico, la serenidad del río Lima, el verdor de la montaña de Santa Luzia y un casco antiguo medieval y renacentista intacto. Aquí se originó también la pasión de los portugueses por el bacalao

Una ciudad sobresale, elegante, entre el Atlántico y la desembocadura de un río que llega desde Orense, nacido como Limia para morir Lima, cargado de historia y leyendas. Es Viana do Castelo, tierra de exploradores, comerciantes y devoción mariana. Una ciudad con encanto y personalidad propia en el Alto Miño portugués. Estas son las cinco claves para descubrir su idiosincrasia.

1. Entre el río Lima y el Atlántico

Santuario del Sagrado Corazón de Jesús en el monte Santa LuziaCarla Royo-Villanova

Desde lo alto del monte de Santa Luzia, el santuario del Sagrado Corazón de Jesús marca la hoja de ruta para comprender la singular ubicación de Viana do Castelo. La magnífica panorámica de la desembocadura del río Lima, la ciudad, su puerto y el océano compite con la espectacularidad del edificio historicista de inspiración románico-bizantina, proyectado por el arquitecto Miguel Ventura Terra a principios del siglo XX. Sus enormes rosetones son los mayores de la Península Ibérica.

Calle Gago CoutinhoCarla Royo-Villanova

Este emplazamiento ya atrajo a los habitantes de la Edad del Hierro, que aquí levantaron un poblado fortificado conocido como la Citânia de Santa Luzia. Para aquellos primeros pobladores, controlar el acceso del río al Atlántico suponía una ventaja estratégica. Siglos después, aquel mismo río sería protagonista de una célebre leyenda. Según la tradición, los soldados romanos creyeron reconocer en el Lima al mítico río Leteo, el del Olvido, cuyas aguas borraban la memoria. El general Décimo Junio Bruto lo atravesó y, desde la otra orilla, llamó por sus nombres a los soldados para demostrar que aquel río no borraba sus recuerdos.

2. La ciudad de la fortuna

Catedral de Viana do CasteloCarla Royo-Villanova

La historia de Viana como villa comercial comienza en 1258, cuando el rey Alfonso III de Portugal le concedió su primera carta foral con el nombre de Viana da Foz do Lima. Impuso una particularidad, ningún noble podía instalarse en ella, por lo que fueron marineros, comerciantes y pescadores quienes impulsaron su prosperidad. En sus astilleros se construían naves destinadas a las grandes rutas oceánicas.

Hacia 1520 el marino João Álvares Fagundes, oriundo de Viana, llegó a los bancos de bacalao de Nueva Escocia y Terranova y ahí nació la pasión portuguesa por este pescado

Hacia 1520, el marino y explorador João Álvares Fagundes, oriundo de Viana, llegó a las costas de Nueva Escocia y Terranova, contribuyendo al conocimiento de las rutas hacia los ricos bancos de bacalao del Atlántico Norte. Una actividad pesquera que quedaría estrechamente ligada a la tradición gastronómica portuguesa. La tumba del navegante se conserva en la catedral de Viana do Castelo. Construida en el siglo XV, pero elevada a tal rango en 1977, conserva su aspecto de fortaleza medieval, con dos torres almenadas, seis apóstoles esculpidos en su portada y una capilla vinculada a los marineros. Por su parte, el fuerte de Santiago da Barra recuerda la necesidad de proteger el puerto de posibles ataques. En 1848, la reina María II elevó la antigua villa a la categoría de ciudad y le otorgó su nombre definitivo: Viana do Castelo.

Chafariz y Plaza de la República de Viana do CasteloCarla Royo-Villanova

La prosperidad quedó reflejada en los palacios blasonados, balcones de hierro forjado, azulejos, iglesias y conventos. Entre las grandes casas señoriales destaca el Palacio de los Abreu Távora, también conocido como Casa de los Condes de la Carreira, del siglo XVI, con elementos manuelinos y actual sede del Ayuntamiento. En la plaza de la República, corazón del casco histórico, se encuentran el antiguo Ayuntamiento, el Chafariz, una fuente renacentista del siglo XVI, y la Casa de la Misericordia, joya manierista de galerías superpuestas. Su iglesia sorprende con un espléndido interior barroco de azulejos y retablos dorados. Paseando por la calle Gago Coutinho y las callejuelas medievales se descubren la capilla de las Malheiras, una joya rococó del siglo XVIII financiada con riquezas procedentes de Brasil, la Casa dos Nichos, del siglo XV, y la plaza de la Erva, junto al antiguo hospital que acogía a viajeros y peregrinos del Camino de Santiago.

Antiguo buque hospital 'Gil Eannes' en el puerto de Viana do CasteloGetty Images

Siglos después, los pescadores portugueses continuaban faenando en aquellas frías aguas del Atlántico Norte. Para atenderlos se construyó en los astilleros de Viana, en 1955, el Gil Eannes, un barco hospital equipado con quirófanos y dependencias médicas. Hoy permanece atracado en el puerto, convertido en museo flotante, y permite descubrir las duras condiciones de vida de quienes se aventuraban durante meses en busca del bacalao.

3. El oro

Balcón adornado con el corazón de VianaCarla Royo-Villanova

Fue el oro la expresión más vistosa de la prosperidad de Viana do Castelo y acabó convirtiéndose en una seña de identidad. Exhibirlo era signo de riqueza y prestigio familiar, una costumbre que cobró fuerza en el siglo XIX gracias, en parte, a las fortunas de los emigrantes retornados de Brasil. Muchas joyas se elaboran mediante filigrana, una técnica de origen antiguo que entrelaza finísimos hilos de oro o plata y que tuvo importantes centros artesanales en Gondomar y Póvoa de Lanhoso. Destaca el corazón de Viana, una pieza de filigrana cuyo origen es religioso. Las llamas que coronan su silueta simbolizan el amor divino, aunque con el tiempo se convirtió en emblema del amor romántico y en uno de los símbolos más reconocibles del país.

Iglesia de Nuestra Señora de la AgoníaCarla Royo-Villanova

Cada agosto, la romería de la Virgen de la Agonía recupera todo este esplendor. Las mujeres lucen trajes regionales y abundantes joyas de oro. La devoción tiene su centro en la iglesia de Nossa Senhora da Agonia, un templo barroco bendecido en 1759, su nave presenta una singular planta octogonal, donde los pescadores agradecían a la Virgen su protección frente a tempestades y naufragios. Todavía conserva exvotos marineros del siglo XVIII. Durante la romería, la imagen de la Virgen es embarcada para bendecir las aguas del Atlántico y las calles del antiguo barrio marinero de la Ribeira se cubren de alfombras de sal coloreada.

4. Ciudad de vanguardia

Histórico puente Eiffel de hierro que cruza el río Lima en Viana do CasteloGetty Images

La modernidad llegó a Viana do Castelo en 1878 con el puente metálico diseñado por Gustave Eiffel, once años antes que su famosa torre de París, y el ingeniero Théophile Seyrig. Su singular estructura de dos niveles todavía permite cruzar el río Lima en tren o por carretera. Más de un siglo después, Viana volvió a apostar por la arquitectura de vanguardia, esta vez de la mano de algunos de los grandes maestros portugueses. La Biblioteca Municipal, proyectada por Álvaro Siza Vieira, premio Pritzker, destaca por sus líneas geométricas y su estructura de hormigón blanco.

Biblioteca Municipal de Viana do CasteloGetty Images

Muy cerca, el Centro Cultural, obra de Eduardo Souto de Moura, también distinguido con el Pritzker, apuesta por el acero, el vidrio y la transparencia hacia el río. Los jardines y paseos junto al Lima enlazan estos edificios con la plaza de la Libertad, diseñada por Fernando Távora, maestro de Siza Vieira, completando un frente fluvial donde la arquitectura contemporánea dialoga con el paisaje.

5. Playas y gastronomía atlántica

Playa y paisaje urbano visto desde el monte Santa LuziaGetty Images

Al sur de la desembocadura del Lima se extiende la playa de Cabedelo, un arenal en forma de media luna, rodeado de dunas y pinares, convertido en paraíso para los aficionados al surf, windsurf y kitesurf. Más al norte, la playa de Afife ofrece un paisaje de dunas y un océano de fuerte oleaje. Para quienes prefieran aguas tranquilas, el río Lima permite practicar remo, vela y piragüismo, mientras sus orillas se pueden recorrer a pie o en bicicleta.

Receta de la Tasquinha da LindaCarla Royo-Villanova

La gastronomía mantiene viva la tradición marinera. Una buena muestra es la Tasquinha da Linda, restaurante recomendado por la Guía Michelin, instalado en un antiguo almacén portuario, donde pescados y mariscos frescos son los protagonistas. También destacan el bacalao a la Gil Eannes y el arroz de lamprea, acompañados del característico vino verde del Minho. De postre, la torta de Viana, un bizcocho enrollado con crema de huevo, pone el broche dulce a una ciudad que sigue viviendo de cara al mar.