El trabajador junto al coche protagonista

Sorpresa

El trabajador de un desguace no da crédito de lo que encuentra en el coche de un fallecido: «Pasan cosas extrañas»

Los herederos legales son los responsables de los vehículos de fallecidos y quienes tienen que solucionar cualquier problema relacionado con los mismos

El mundo de los desguaces es una verdadera caja de sorpresas, tanto por los coches que llegan cada día como por lo que encuentran en muchos de ellos o por su estado. Hay que tener en cuenta que cada día se mandan al desguace en España unos 3.200 coches, una cifra muy elevada que ha crecido con las Zonas de Bajas Emisiones.

Es habitual que lleguen coches eléctricos nuevos con daños en la batería que la aseguradora considera que no merece la pena reparar porque es más cara que el coche, otros vehículos completamente relucientes con daños mínimos por grandes tormentas o que directamente se han caído del camión de transporte.

Muchos imprevistos

Lo que no están tan acostumbrados a coger son vehículos como este Seat Ibiza de los años 2000. Este vehículo perteneció a un fallecido y permaneció durante nada menos que 15 años estacionado en una plaza de aparcamiento en Barcelona.

El interior está completamente vacío

Sus herederos decidieron vender la plaza y enviaron el coche al desguace, donde el trabajador descubre con asombro lo que ha hecho sobre el coche el paso del tiempo y la mano de los rateros.

No queda nada

Conforme va abriendo las puertas y ‘cotilleando’ el interior descubre que del coche solo queda prácticamente el esqueleto, pues ha desaparecido absolutamente todo. El coche no tiene motor, ni caja de cambios, ni motor del limpia trasero…

El motor completamente vacío

Por no tener no tiene ni asientos, una sorpresa para este trabajador sobre todo porque el coche estaba en teoría protegido en el interior de un parking.

En este caso este vehículo vale entre poco y nada, pues más allá del metal de la carrocería para su achatarramiento no tiene mayor valor, una verdadera pena lo que ocurre con los coches cuando nadie les presta atención. En cualquier caso un rato curioso para el trabajador del desguace.