Accidente de un Ferrari F-430 a 300 km/h, la zona del impacto se desintegra

Accidente

¿Cómo es un choque a 200 km/h? El fenómeno de las tres colisiones y las posibilidades reales de sobrevivir

Tal y como explican los expertos, a partir de esa velocidad la suerte es la única medida de seguridad que puede ayudarnos, las consecuencias son más que evidentes

Corría el mes de julio de 2021 cuando el choque de un Porsche 911 Turbo S contra uno de los pilares de la autopista A-1 en Hagen, Alemania, obligaba a cerrarlo al tráfico y reconstruirlo por completo.

El Porsche circulaba a más de 300 kilómetros a la hora, una velocidad a la que directamente cualquier vehículo se convierte en un proyectil en el que las zonas de deformación no sirven de nada.

Desintegrado

A esta velocidad el coche golpea y envuelve lo que pilla por delante, pues el aluminio y la chapa de su carrocería se comportan como si fueran de plastilina y se retuercen sin oponer la menor resistencia, transfiriendo toda la violencia del impacto al objeto contra el que chocan.

El Porsche directamente se desintegra a causa de la colisión

A esta velocidad el cuerpo humano sufre lo que se llaman las tres colisiones, cada una más que suficiente para provocar la muerte, la primera es la del coche contra el obstáculo, la segunda es la del cuerpo contra el sistema de retención, en este caso el cinturón, y la tercera es la que sufren los órganos vitales del cuerpo contra los huesos; corazones, pulmones y cerebro colapsan por la violencia del impacto.

El fenómeno de las tres colisiones

Un accidente de estas características a 300 km/h equivale a caer desde la azotea de un edificio de 350 metros, o lo que es lo mismo una torre de un centenar de pisos. Si vamos a 200 km/h hablamos de un edificio de 170 metros de altura, unos 40 pisos.

Unas pinceladas muy básicas para imaginar lo que pudo ser el accidente sufrido por el tren a unos 200 kilómetros a la hora. Un tren de estas características pesa unas 400 toneladas y a 200 kilómetros a la hora tienen una energía cinética que podría superar los 600 megajulios, equivalente a la energía que produce una central nuclear en un segundo o a la explosión de 150 kilos de TNT.

La violencia del impacto hace que unos vagones colapsen contra otros

No existe en el mundo una estructura de deformación capaz de absorber un impacto de esas características, lo que significa que el tren sencillamente colapsa, se produce el temido efecto telescoping, que provoca que los vagones vayan chocando con el que tienen delante y lo invadan… En estas condiciones salir con vida es un verdadero milagro, pues los vagones invaden el habitáculo en el que viajan las personas.

La suerte es lo único que ayuda

En el interior del vagón y al no disponer de cinturones de seguridad, los ocupantes salen disparados hacia delante con mucha violencia, mientras que maletas y otros objetos como los asientos se convierten en proyectiles, todo ello envueltos en un calor infernal, pues parte de la energía cinética se transforma en calor por rozamiento.

Hay que tener en cuenta que los coches se diseñan para soportar accidentes a una velocidad máxima de 120 kilómetros/hora, a partir de esa frontera solo la suerte puede hacernos sobrevivir, pues lo ideal es que no choquemos contra ningún otro objeto para que la energía cinética que llevamos se vaya disipando durante un vuelco o similar.

De hecho las pruebas de choque de Euroncap se realizan entre 50 y 60 kilómetros a la hora, pues más allá de los 70 u 80 km/h el cuerpo humano difícilmente sobrevive a la desaceleración.