Engendros del automóvil: el último Ferrari dispara las apuestas por el coche más feo del mundo
Es obvio que los diseñadores de estos coches tuvieron un mal día, lo que no entendemos es cómo sus empresas aprobaron la producción de semejantes engendros encabezados por el Ferrari Luce
El consenso dice que estamos ante uno de los coches más feos y... funcionales de la historia, pues tenía tres plazas delante. Feo como él solo, iba fenomenal en carretera al ser muy ancho de vías, estuvo a punto de ser Coche del Año en Europa
Ferrari Luce, el proscrito
La incursión de Ferrari en el mundo eléctrico no ha podido empezar peor. Montezemolo y su amigo Briatore han pedido que le retiren la insignia del Caballino del capó con razón
Ssangyong Rodius, el auténtico espantocoche
Cuentan las malas lenguas que los diseñadores coreanos que hicieron este coche fueron enviados a Corea del Norte, donde no se volvió a saber de ellos. Tan feo como fiable, pues su mecánica Mercedes es irrompible
Toyota Prius, adelantado a su tiempo pero muy feo
Cuando llegó al mercado a finales de los 90 se convirtió en el primer híbrido del mundo, su tecnología sorprendía tanto que nadie se fijó en lo espantoso y anodino de su diseño
Renault Twingo, es muy buena persona...
Inspirado en una rana, o en un sapo, en este caso no se convertía en príncipe al salir del concesionario, su mayor virtud es que su habitáculo se transformaba en una cama doble
Lancia Thesis, ¿buen gusto italiano?
Su diseñador es la excepción que confirma la regla al buen gusto italiano, se vendieron tan pocos que pronto se convirtió en vehículo obligado para los cargos del gobierno de Italia
Ford Scorpio, feo y malo: dos veces feo
Con este modelo no había discusión: se rompían todos. Lanzado en versión berlina, el familiar rozó cotas desconocidas del mal gusto y desproporción estética. Lamentable. No servía ni como coche de funeraria...
Nissan Cube, provoca estrabismo
Cuentan que la peculiar forma de las ventanillas y el lateral provocaba estrabismo entre los que lo miraban, pues no podían apartar sus ojos del coche hasta que se había ido