Las autoescuelas han registrado una evolución en los hábitos de los alumnos
Práctico
El significado de la letra «L» en un coche automático: no todos saben cuándo utilizarla
Aunque es una opción desconocida para un gran número de usuarios, resulta de gran utilidad para optimizar el control y proteger la transmisión
En el entorno de la automoción, existen componentes y funciones en los vehículos que, a pesar de percibirse como secundarios, desempeñan un papel fundamental tanto en la seguridad vial como en la preservación de la mecánica. Un claro ejemplo es la presencia de la letra «L» en la consola selectora de las cajas de cambios automáticas.
Aunque es una opción desconocida para un gran número de usuarios, esta marcha resulta de gran utilidad para optimizar el control del coche y proteger la transmisión frente a sobreesfuerzos en escenarios muy específicos, tales como descensos de gran inclinación o trayectos sobre terrenos de alta exigencia física.
La nomenclatura habitual de una transmisión automática se compone de las siglas tradicionales «P» (Park, para el bloqueo de las ruedas al estacionar), «R» (Reverse, para la marcha atrás), «N» (Neutral, que desacopla el motor simulando el punto muerto) y «D» (Drive, el modo de conducción estándar que gestiona las marchas de forma autónoma). No obstante, los fabricantes suelen integrar modos complementarios.
Entre ellos destacan la «S» (Sport, que estira las revoluciones para ofrecer una respuesta más ágil), la «M» (Manual, que cede el control secuencial de las marchas al conductor a través de la palanca o de levas en el volante) y la mencionada «L» (Low).
Al activar esta última, la caja de cambios se bloquea en las relaciones más cortas, incrementando la fuerza de tracción del vehículo y aprovechando al máximo la retención del freno motor para evitar el sobrecalentamiento de los frenos convencionales.
Prácticas incorrectas y averías costosas
El desconocimiento de estas transmisiones suele derivar en prácticas incorrectas y averías costosas. Los expertos señalan que errores como frenar con el pie izquierdo en lugar de mantenerlo en el reposapiés, cambiar de la posición «D» a la «R» sin detener el coche por completo, o circular en punto muerto («N») durante las bajadas bajo la falsa creencia de que reduce el consumo de combustible, comprometen gravemente la estabilidad del automóvil y causan daños severos en los engranajes internos del sistema.
Preferencia por el cambio manual
De forma paralela al desarrollo tecnológico de los vehículos, las autoescuelas han registrado una evolución en los hábitos de los alumnos. El Reglamento General de Conductores regula el denominado «código 78», una anotación en el permiso de conducir que restringe la habilitación del conductor exclusivamente a vehículos automáticos si la prueba práctica se realizó en uno de ellos.
A pesar de que los datos de la Dirección General de Tráfico (DGT) y de la Confederación Nacional de Autoescuelas (CNAE) indican que aproximadamente el 90 % de los ciudadanos españoles todavía opta por el aprendizaje en vehículos de transmisión manual, la demanda del examen adaptado a cajas automáticas ha experimentado un crecimiento sostenido, consolidándose en torno al 6 % del total de las licencias expedidas.