Un empleado de Volkswagen, junto al último ID.3 fabricado en la Fábrica Transparente de Sajonia, Alemania.
Industria
La crisis del automóvil golpea al corazón industrial de Alemania mientras su economía intenta levantar cabeza
El desplome de las ventas en China, la presión de los fabricantes locales, la transición al coche eléctrico y el deterioro de los márgenes obligan a los gigantes alemanes a recortar beneficios, empleo y previsiones
BMW anunció la pasada semana un desplome del 28,5 % de su beneficio neto en el primer semestre del año, hasta 2.872 millones de euros, apenas un día después de comunicar un plan para eliminar 8.000 puestos de trabajo hasta finales de 2027. La compañía se suma a Volkswagen y Mercedes-Benz, que también han reducido beneficios, rebajado sus previsiones y acelerado sus planes de ajuste, en una crisis sectorial que amenaza al principal motor de la economía alemana.
Durante décadas, el automóvil fue uno de los grandes pilares del crecimiento alemán. El sector aporta en torno al 7 % del PIB si se incluye toda la cadena de valor y emplea de forma directa a cerca de 732.000 trabajadores. Además, el 77 % de los ingresos de los fabricantes de turismos procede de los mercados internacionales, lo que convierte a la industria en uno de los principales motores de las exportaciones del país. Sin embargo, el modelo de negocio que convirtió a Alemania en la gran potencia automovilística europea está mostrando claros síntomas de agotamiento.
El principal problema se encuentra en China. Durante años, el gigante asiático impulsó buena parte de los beneficios de las marcas alemanas gracias a una demanda que no paraba de crecer y a consumidores dispuestos a pagar precios muy elevados por vehículos europeos. Pero ese escenario ha cambiado radicalmente.
Los fabricantes chinos, liderados por BYD, Geely, SAIC o Chery, han adelantado por la derecha a los coches alemanes gracias a su liderazgo en vehículos eléctricos y a una guerra de precios que ha reducido drásticamente la cuota de mercado de las marcas extranjeras. Si en 2020 concentraban más del 60 % de las ventas en China, hoy representan menos del 25 %.
Volkswagen, que sigue siendo la marca extranjera con mayor presencia en el país, cerró 2025 con una caída del 8 % en sus entregas y en el primer semestre de este año las ventas en China retrocedieron un 26 %, obligando al grupo a rebajar sus previsiones. BMW registró un descenso del 20 % de sus entregas semestrales en el mercado chino, mientras que Mercedes-Benz sufrió una caída del 28 % y también revisó a la baja sus objetivos financieros para el conjunto del ejercicio.
Fábrica de BMW.
Tras alcanzar resultados históricos tras la pandemia, los tres grupos han visto cómo sus beneficios por vehículo no han dejado de caer. Mercedes-Benz ha pasado de márgenes próximos al 15 % a apenas un 4 % en su división de automóviles. BMW ha retrocedido desde niveles superiores al 12 % hasta el 3,6 % en el primer semestre, mientras que Volkswagen ha reducido su margen operativo desde el entorno del 8 % hasta el 3,8 %. Las compañías ya no pueden sostener el sobreprecio que tradicionalmente obtenían por sus marcas y se ven obligadas a competir con descuentos frente a fabricantes chinos cada vez más competitivos.
A esta presión se suma el elevado coste de la transición hacia el vehículo eléctrico. Los grandes fabricantes europeos han destinado decenas de miles de millones de euros al desarrollo de nuevas plataformas, baterías y software, al tiempo que continúan invirtiendo en motores de combustión para aquellos mercados donde siguen teniendo demanda. Esa inversión ha coincidido con un incremento de los costes energéticos en Europa, una ralentización de la demanda de vehículos eléctricos y un aumento de las tensiones comerciales por los aranceles.
El ajuste ya está llegando al empleo. BMW eliminará 8.000 puestos de trabajo hasta finales de 2027, mientras Volkswagen mantiene en marcha uno de los mayores programas de ajuste de su historia reciente para reducir costes con más de 100.000 despidos. En conjunto, la industria alemana de la movilidad ha destruido más de 50.000 empleos en el último año.
Dos operarios de Volkswagen instalan un faro en un modelo ID.3 en la planta de Zwickau, Alemania.
La crisis del automóvil alemán coincide además con un momento delicado para la economía alemana. Tras dos años consecutivos de contracción del PIB, del 0,9 % en 2023 y del 0,5 % en 2024, Alemania apenas logró crecer un 0,2 % en 2025. El Gobierno espera una recuperación gradual este año, aunque hace unos meses tuvo que rebajar su previsión de crecimiento para 2026 desde el 1 % al 0,5 % por el impacto de la guerra entre Israel e Irán sobre los precios de la energía y las cadenas de suministro. Para 2027 también redujo sus expectativas, del 1,3 % al 0,9 %. La debilidad de uno de sus principales motores economía complica así la recuperación que sigue en niveles muy por debajo de lo esperado.