Imagen del examen de conducir, con examinador y aspirante
Curioso
El sorprendente examen para el permiso de conducir que han impuesto los talibanes en Afganistán
Cuando alguien se imagina un examen de conducir no tiene nada que ver con lo que les piden hacer en Afganistán a los aspirantes
En agosto de 2021, los talibanes volvían a hacerse con el Gobierno de Afganistán tras la retirada de las tropas de los Estados Unidos allí presentes, un verdadero desastre que ha sumido de nuevo al país en la más absoluta oscuridad.
Una de las primeras medidas del nuevo gobierno fue prohibir que las mujeres pudieran conducir, con lo cual ponerse al volante vuelve a ser un privilegio de los hombres exclusivamente.
Las mujeres no pueden conducir
Pero este cambio ha afectado a muchos más aspectos relacionados con la conducción, de hecho, para obtener el permiso de conducir en Afganistán era necesario tener 18 años y superar una prueba teórica en la que había que demostrar unos conocimientos mínimos sobre señales de tráfico, normas de circulación vial y primeros auxilios básicos. La prueba podía ser oral o escrita, en función de la cultura del aspirante.
El examen se hace en una silla, menos de un minuto por aspirante
Posteriormente, el aspirante debía someterse a un examen práctico en pistas cerradas propiedad del departamento de tráfico, un examen que incluía arranque y detención en pendiente, estacionamiento y circulación entre conos. Por último, había una breve prueba de conducción en ciudad.
Teórico y práctico
Con los talibanes todo esto se ha venido abajo, y aunque la grandes ciudades como Kabul intentan mantener unas condiciones de examen parecidas, en otras como donde fueron tomadas las imágenes, el examen de conducir se ha convertido en un mero trámite bastante ridículo, tal y como vemos en las imágenes.
Conducir en Afganistán es todo un reto
El examinador, sentado en su butaca, exige a los aspirantes que se tapen los ojos a la vez que les va pidiendo diferentes maniobras como pisar el acelerador, el embrague o el freno, sin más. Eso sí, siempre tras el pago de las correspondientes ‘tasas’ y de alguna que otra propina que nunca viene mal para engrasar la maquinaria talibán a la hora de conceder una licencia de conducir en tiempo récord.
Por supuesto un país sin el menor dato público de siniestralidad y sin una red de carreteras mínimamente decente.