Imagen de una prueba difícil de definir entonces
Automovilismo
El otro circuito urbano de Madrid: cuando la Fórmula Uno se corría en Ciudad Universitaria
Aunque parezca mentira, el parque de El Retiro o la Ciudad Universitaria fueron testigo de competiciones automovilísticas de primer nivel
Conviene recordar ahora que Madrid recibe de nuevo a la Fórmula 1, que las grandes historias casi nunca empiezan el día que nosotros las descubrimos. La Fórmula 1 que llega ahora a IFEMA no nació en Madrid, naturalmente, pero tampoco nació de la nada en 1950. Fue el resultado de ordenar una tradición de grandes premios que llevaba décadas disputándose por Europa. Y entre aquellos que formaron parte de la historia, hubo uno celebrado en Madrid en 1949.
La idea era tan sencilla como revolucionaria. Los grandes clubes automovilísticos europeos fundadores de la Federación Internacional de Automovilismo (FIA), a través de la Comission Sportive Automobiles Internationale, (CSAI), decidió establecer una fórmula común para la categoría superior. Si había una regla técnica común, la competición podría ser más equilibrada y el talento del piloto tendría mayor importancia frente a las dispares potencias de los coches y a aquella equivalencia de categorías se la denominó, sencillamente, Fórmula 1.
La mejor competición
Por eso, el Campeonato del Mundo que comenzó oficialmente en 1950 no fue el nacimiento del automovilismo de gran premio, sino la consecuencia natural de su evolución. Y Madrid quiso estar allí desde el principio.
La carrera dejó imágenes imponentes
En 1949, un año antes de que el Mundial echara a andar, la capital organizó una gran carrera internacional en un circuito urbano que hoy podemos recorrer prácticamente en su totalidad. Y la idea era, que después del ensayo, a partir del año siguiente se incorporara de forma permanente al calendario. Por desgracia, los acontecimientos lo impidieron.
Imaginen un trazado con forma trapezoidal llena de ondulaciones. La salida era en la zona de lo que hoy es la carretera de La Coruña y el final de recta se situaba en una curva a izquierdas un poco antes del palacio de La Moncloa. Desde ahí se bajaba con curvas muy rápidas y se giraba de nuevo a izquierdas en el puente de los Franceses. A partir de ahí, se subía por las rápidas enlazadas del paseo Ruperto Chapí y se giraba a la izquierda a la altura del intercambiador de Moncloa.
Parece mentira que esto ocurriera en Madrid
Era un circuito integrado en la ciudad, pero lo suficientemente alejado del centro como para poder cerrarlo y convertirlo durante unas horas en un escenario de carreras. La elección, vista con los ojos de hoy, resulta sorprendentemente parecida a los motivos elegidos para escoger a IFEMA como enclave. Un lugar pegado a la ciudad, conectado mediante transporte público y capaz de recibir a una multitud, pero situado en una zona que podría considerarse prácticamente las afueras de Madrid.
Un circuito urbano
A la cita llegaron algunos de los mejores pilotos del mundo. Raymond Sommer (ganador), Maurice Trintignant, Luigi Fagioli, Giuseppe Farina, Alberto Ascari, Piero Taruffi, Louis Chiron o Emmanuel de Graffenried, estuvieron entre los nombres que dieron categoría internacional a aquella carrera. Y también estaban los españoles que empezaban a construir, prácticamente desde cero, nuestra tradición automovilística como era Juan Jover.
El trazado tenía varias opciones
El problema fue que el automovilismo de entonces todavía no había aprendido la lección que hoy nos parece tan evidente: que un circuito de carreras no puede ser solamente una carretera por la que pasan coches muy deprisa.
Las medidas de seguridad fueron en la práctica inexistentes, los espectadores estaban temerariamente cerca de los coches y las barreras que hoy nos parecen imprescindibles, entonces no eran parte de la ecuación. No era de extrañar que aquello acabara en tragedia: un accidente de el piloto británico Peter Whitehead con un Ferrari 125 terminó provocando la muerte de un espectador y varios heridos.
El Gran Premio fue un éxito deportivo y de público, pero aquella desgracia acabó con el sueño apenas este había comenzado. Barcelona si logró tener algo más de recorrido con un modelo parecido al de Madrid, porque el circuito de Pedralbes llegó a albergar grandes premios de Fórmula 1 en los años 50. De todos modos, la experiencia duró poco, porque la cada vez mayor velocidad de los monoplazas, volvió a generar problemas graves de seguridad. Era necesario en ambas ciudades buscar diferentes alternativas.
Madrid pensó por algunos momentos en el parque de El Retiro, que ya había acogido carreras automovilísticas y podría equipararse al del parque de Monsanto de Lisboa. El problema, es que resultaba demasiado pequeño para una competición internacional. Se planteó también un circuito alrededor del lago de la Casa de Campo y se hicieron carreras de ensayo. Pero el problema de la seguridad seguía siendo el principal problema de fondo. Nadie quería repetir la tragedia de 1949.
Imágenes imponentes de la época
Fruto de aquella frustración de no encontrar un enclave adecuado para celebrar grandes premios internacionales de Automovilismo, algunos visionarios en la década de los sesenta, entendieron que Madrid necesitaba algo diferente. Guillermo Gil de Reboleño y Jesús Saiz, figuras fundamentales del RACE, no dejaron de perseguir la idea de construir un circuito permanente. De aquella perseverancia nació el Jarama, inaugurado en 1967 y convertido rápidamente en uno de los grandes circuitos europeos del momento.
Antes de Alonso
Antes de Fernando Alonso estuvieron Pedro de la Rosa, Marc Gené, Adrián Campos o Luis Pérez-Sala. Antes estuvieron Emilio de Villota y Álex Soler-Roig. Y antes todavía, estaban Godia, Jover, Portago o Villapadierna. Y antes estaban también los aficionados, dirigentes y entusiastas, que en los años 40 tuvieron la osadía de pensar, que Madrid podía organizar una carrera que sedujera a los mejores pilotos del mundo.
El cartel de promoción de la carrera
El Gran Premio de Madrid de 1949 duró demasiado poco. La tragedia cerró aquella puerta y Madrid tuvo que esperar décadas para volver a abrirla. Pero aquella carrera dejó una semilla y hoy día, casi 80 años después, Madrid vuelve a tener su Gran Premio.