Estados Unidos defiende el concepto más patriota del automóvil

Mercado

EE.UU. prohíbe la venta de coches que tengan un solo componente chino salvo que estén fabricados por norteamericanos

El cerrojazo de Estados Unidos a la industria china obliga a sus marcas a renunciar a este mercado, donde se venden 36 millones de coches al año

Escudándose en motivos de seguridad nacional, Joe Biden promulgaba una ley en marzo de 2024 que prohíbe la venta de coches chinos y de cualquier vehículo que funcione gracias a software chino o que tenga un solo componente chino en su fabricación.

Se trata de una de las leyes comerciales más restrictivas que existe hoy en día en el mundo y que ha logrado parar en seco la invasión de coches chinos que estamos viviendo en Europa o en Sudamérica.

Los chinos no lo entienden

Hace solo unos días que Stella Li, la vicepresidenta ejecutiva de BYD, se quejaba amargamente por el cerrojazo del mercado norteamericano a los coches chinos, tal y como explicaba es el único impedimento que hace que BYD no pueda superar a Toyota como primer fabricante del mundo.

Esta prohibición impide a BYD superar a Toyota como primer fabricanet del mundo

Solo en los Estados Unidos se venden cada año 16 millones de vehículos, el que es el principal mercado para Toyota, mientras que en Sudamérica hablamos de un mercado de 6 millones de coches y en Europa de 12, un dato que permite entender por que la responsable de BYD en Europa necesita la apertura del mercado norteamericano.

Pero lejos de abrirse a las marcas chinas, el mercado de los Estados Unidos se cerró tan violentamente que perjudicó incluso a marcas locales que fabricaban en china como Tesla o Buick, mientras que logró expulsar de raíz a las chinas GAC, Chery o Zotye, tres grupos chinos que llegaron a crear filiales en los Estados Unidos.

Las marcas se van

Polestar, del grupo Geely, decidió hace solo unas semanas abandonar el mercado chino por completo, mientras que Volvo, propiedad del mismo grupo, está logrando salvar el problema gracias a la fábrica que tiene en Ridgeville, Carolina del Sur.

Trump durante su viaje a Pekín

De hecho, durante su reciente visita a Pekín, Trump abría la posibilidad de que los grandes grupos chinos pudieran operar en los Estados Unidos siempre que levantaran fábricas en suelo norteamericano y que contrataran empleados norteamericanos, algo que por el momento parece muy lejano, pues horas después el Congreso de los Estados Unidos se le echaba encima por el mero hecho de plantear esta posibilidad.

Contemplando la evolución del mercado europeo, en solo unos años veremos si era mejor oponerse completamente a la llegada de la marcas chinas y renunciar a su mercado o tratar de permitirles operar en nuestro país como está haciendo Europa, así comprobaremos si la Unión Europea está en el lado bueno de la historia.