Santiago Niño Becerra explica lo que le pasa al automóvil chino

Industria

Niño Becerra habla de los coches chinos: «Son los mismos desde 2024, no cambian interiores ni carrocerías»

El economista explica cómo la evolución de los coches chinos cambia por completo lo que estamos acostumbrados a ver en la industria del automóvil

El popular economista español Santiago Niño Becerra es famoso por sus predicciones en materia de economía doméstica y de consumo, juicios extremadamente racionales que normalmente anticipan buena parte de lo que va a ocurrir.

En este caso, el economista entra en materia automovilística al hablar de los coches chinos, un fenómeno industrial jamás visto en nuestro país si tenemos en cuenta que durante su primer año en España se han hecho ya con más del 20 % de cuota en el mercado de particulares, el más rentable.

Cada vez venden más

Niño Becerra se muestra muy sorprendido por lo que le dice un experto del sector referente a los coches chinos, que no han cambiado absolutamente nada desde 2024; las sucesivas evoluciones afectan más bien al software y a la incorporación de nuevos sensores y radares, pero no a la estética y a la apariencia.

El problema de todos los coches chinos es que son demasiado parecidos

Tal y como explica, «no cambian interiores y carrocerías», una frase a la que no le falta buena parte de razón, pues la llegada del coche eléctrico ha cambiado para siempre el paradigma del automóvil. Tesla es el mejor ejemplo de que el coche eléctrico no sigue el ciclo de actualizaciones de los coches tradicionales, que se actualizan cada cuatro años parcial y totalmente cada ocho.

Cambias las actualizaciones

El ciclo de vida de los coches eléctricos apenas cambia y, cuando lo hace, son cambios menores, que en muchos casos afectan a la capacidad de la batería y a su gestión para aumentar la autonomía; suele cambiar también el funcionamiento del sistema multimedia, con lo que suele ser más ágil y eficiente.

El interior de todos los coches chinos también es sospechosamente parecido

En cualquier caso, el mejor ejemplo es el de Tesla, que lleva años vendiendo prácticamente los mismos coches; de hecho, lo único que ha hecho la marca norteamericana son ligeras evoluciones estéticas en sus modelos, a la vez que ha eliminado los coches conforme han ido cayendo sus ventas.

La realidad de un mercado, el de los coches eléctricos, que ha cambiado por completo lo que pensábamos del automóvil tal y como lo conocíamos; el problema es que estas evoluciones de baterías y de software provocan rápidas depreciaciones de los automóviles, con lo que ello supone de cara a los compradores que sienten cómo sus vehículos pierden valor de manera acelerada. Es el mismo efecto que sufren los móviles de iPhone, que envejecen mucho más rápidamente por la evolución de sus sistemas multimedia que por el propio teléfono, pues salvo cambios puntuales, los teléfonos en sí no evolucionan de manera importante.