Al tener un peso superior y una estructura muy rígida, un eléctrico no se comporta igual en caso de choque

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Las brutales consecuencias para un coche eléctrico si se estrella a una alta velocidad

A partir de 100 km/h, la posibilidad de fallecer en un accidente es superior al 80 % si llevamos el cinturón puesto; si no, es del 99 %

Aunque todavía no está clara la velocidad a la que circulaba el AVE de Toledo cuando se estrelló, todo parece indicar que iba a más de 160 kilómetros por hora, una velocidad extremadamente grave si tenemos en cuenta el peso de un tren de estas características que cargado ronda las 500 toneladas.

Cualquier objeto que circula a esa velocidad tiene gran cantidad de energía cinética que tiene que transformarse de alguna forma en caso de accidente, pues tal y como enuncia la Ley de Conservación de la Energía: la energía ni se crea ni se destruye, solo se transforma.

Energía brutal

Así, el resultado es que toda esa energía se transforma en energía mecánica (deformación), energía calorífica, pues se crea muchísimo calor, acústica y en movimientos secundarios; por ejemplo, un tren empuja al otro.

El destrozo es consecuencia de la energía cinética acumulada

En un coche, aunque la energía cinética es infinitamente menor, las consecuencias son similares; independientemente de que sea de gasolina o eléctrico, lo primero que colapsa a 160 km/h son las zonas de deformación programadas, pensadas precisamente para que absorban la violencia de un impacto hasta una velocidad máxima de 64 km/h.

Los coches absorben

El resto se transmitiría al habitáculo con las consecuencias imaginables. En el caso del coche de combustión, el motor suele tener un mecanismo para que se caiga al suelo y no entre al interior del habitáculo como un ariete; por eso, en los accidentes graves, el motor suele encontrarse lejos del coche.

En los eléctricos, el fenómeno es distinto, pues además de ser más pesados, la batería conforma una estructura muy rígida que no absorbe tanta energía, sino que la transmite al interior con mayor virulencia; de hecho, la deceleración es brutal para los ocupantes, más que en un coche de combustión.

Los guardarraíles se deforman para absorber la violencia del choque

En paralelo, si la batería se abre, se puede producir un fenómeno de fuga térmica y un incendio al entrar en contacto los químicos interiores con el aire. Algo muy similar a lo que ocurre en los coches de gasolina si se rompe el depósito y el carburante se desparrama y termina incendiándose con alguna chispa.

En ambos casos, por encima de 140 km/h, hay que tener claro que lo habitual en accidentes de coche es que no haya supervivientes, salvo que un objeto como una bionda o un guardarraíl de la carretera absorban buena parte de la energía cinética cuando chocamos contra ellos.