Si Europa sigue así, va a romperse también en lo automovilístico
Industria
El coche eléctrico rompe Europa entre países como España, que lo apoyan, y otros como Alemania, que apuestan por la combustión
España y Francia encabezarían el bloque de países partidarios del coche eléctrico, mientras que Italia y Alemania serían partidarias de los coches con motor de combustión
La llegada del coche eléctrico está provocando una crisis de consecuencias difíciles de valorar, no solo al sector del automóvil, sino que políticamente también está pasando una factura muy grave.
Aunque desde Bruselas no lo quieren ver o prefieren no verlo, Europa se ha roto entre países como Dinamarca, Suecia, España y Francia, que apoyan la imposición del coche eléctrico y el cumplimiento de la hoja de ruta firmada por Bruselas hace un lustro, y los que apoyan dar un respiro a los motores de combustión para permitir su uso más allá de 2030 y 2035.
Un respiro a la combustión
Estos últimos estarían encabezados por Alemania y por Italia, dos potencias europeas que están viendo cómo la imposición del coche eléctrico está destruyendo la industria del automóvil por completo.
La producción de coches de Italia habría caído más de un 40 %
En Alemania, sus marcas más emblemáticas, como son BMW, Mercedes y Audi, ven caer su cuota de mercado y la rentabilidad de manera alarmante, mientras Italia ha visto cómo sus volúmenes de fabricación de coches están disminuyendo a niveles de hace décadas.
De mal en peor
Un panorama desolador en el que países como España quieren hacer valer las dos fábricas de baterías en construcción ubicadas en Sagunto (Volkswagen) y en Figueruelas (Stellantis-CATL) a la espera de que se multipliquen definitivamente las ventas de eléctricos en Europa y puedan trabajar a pleno rendimiento.
Una situación parecida a la de Francia, que confía también en que tanto Renault como Stellantis (está participada por el Gobierno galo) puedan hacer frente a los coches chinos tras un cambio total de estrategia en la producción de automóviles; de hecho, son partidarios de la puesta en marcha del e-car europeo, un coche eléctrico barato fabricado y diseñado en Europa con componentes europeos y que contaría con el respaldo de Bruselas.
Si Europa no fabrica pronto sus propias baterías la dependencia de China puede matar la industria
El último capítulo de esta guerra abierta lo escriben los países citados, encabezados por España, que habrían escrito una misiva con destino Bruselas en la que le piden que no flexibilice lo más mínimo los objetivos de emisiones, lo que retrasaría la adopción del coche eléctrico y pondría en peligro las inversiones previstas en estas tecnologías.
En la misma carta desaconsejan también el uso de los combustibles renovables, no tanto por sus emisiones, que tal y como respaldan petroleras como Repsol pueden llegar a ser cero, como por retrasar igualmente la implantación del coche eléctrico. En paralelo, solicitan nuevas ayudas para los coches eléctricos y para el desarrollo de las redes de carga domésticas y en carretera.