Mayor riesgo de demencia en personas con patrones de sueño irregulares

Dormir mal y estar activo de noche aumenta el riesgo de demencia

Un equipo de investigadores ha identificado una posible relación entre la debilidad y fragmentación de los ritmos circadianos y un mayor riesgo de padecer demencia, según un estudio publicado el 29 de diciembre de 2025 en la revista Neurology, editada por la Academia Americana de Neurología. La investigación también apunta a que aquellas personas cuyo ritmo de actividad alcanzaba su punto máximo más tarde en el día, en lugar de más temprano, presentaban un mayor riesgo de desarrollar esta enfermedad. No obstante, los autores advierten que sus hallazgos muestran una correlación, no una causalidad.

Qué es el ritmo circadiano

El ritmo circadiano, definido como el reloj biológico interno que regula el ciclo de sueño y vigilia de 24 horas, así como otras funciones como la producción hormonal, la digestión o la temperatura corporal, está guiado por el cerebro y condicionado por la exposición a la luz. Cuando este ritmo es sólido, las señales biológicas que regulan el funcionamiento del cuerpo se mantienen sincronizadas con el ciclo natural del día. Por el contrario, un ritmo circadiano debilitado puede provocar que estos mecanismos se alteren fácilmente ante cambios de luz o de horario.

Wendy Wang, doctora del Centro Médico UT Southwestern en Dallas, Texas y autora principal del estudio, explica: «Los cambios en los ritmos circadianos ocurren con el envejecimiento, y la evidencia sugiere que las alteraciones del ritmo circadiano podrían ser un factor de riesgo para enfermedades neurodegenerativas como la demencia», y añade: «Nuestro estudio midió estos ritmos de descanso y actividad y descubrió que las personas con ritmos más débiles y fragmentados, y aquellas con niveles de actividad que alcanzaban su punto máximo más tarde en el día, presentaban un mayor riesgo de demencia».

Tener ritmos circadianos débiles y actividad nocturna eleva el riesgo de demencia

La muestra de la investigación incluyó a 2.183 personas con una media de edad de 79 años que, al inicio del estudio, no habían sido diagnosticadas con demencia. De ellas, un 24 % eran negras y un 76 % blancas. Para obtener los datos necesarios, los participantes portaron durante aproximadamente doce días monitores cardíacos adheridos al pecho, que permitieron registrar sus patrones de descanso y actividad.

Así se hizo el estudio

Posteriormente, se realizó un seguimiento durante un periodo medio de tres años, en el que 176 personas desarrollaron demencia. Los científicos analizaron la intensidad de los ritmos circadianos de cada individuo mediante la denominada amplitud relativa, que mide la diferencia entre los momentos de mayor y menor actividad. Cuanto más elevada era esta amplitud, más robusto se consideraba el ritmo circadiano.

Tras dividir a los participantes en tres grupos en función de la intensidad de sus ritmos, los investigadores observaron que 31 de las 728 personas con ritmo alto desarrollaron demencia, frente a 106 de las 727 con ritmo bajo. Incluso después de ajustar variables como edad, hipertensión y enfermedades cardíacas, se constató que quienes tenían ritmos más débiles presentaban un riesgo casi 2,5 veces superior. Además, se identificó un incremento del 54 % en la probabilidad de demencia por cada desviación estándar de disminución en la amplitud relativa.

Asimismo, se halló que las personas cuya actividad alcanzaba su punto máximo a las 14:15 horas o más tarde, en contraste con quienes lo hacían entre las 13:11 y las 14:14, tenían un 45 % más de riesgo de padecer demencia. Mientras que el 7 % de quienes presentaban un pico de actividad temprano desarrollaron la enfermedad, este porcentaje ascendió al 10 % entre los del grupo de pico tardío.

Este desfase entre el reloj biológico y las señales ambientales, como la oscuridad nocturna, podría estar detrás del aumento del riesgo. «Las alteraciones de los ritmos circadianos pueden alterar procesos corporales como la inflamación e interferir con el sueño, posiblemente aumentando las placas amiloides asociadas con la demencia o reduciendo la eliminación de amiloide del cerebro», señaló Wang. En su opinión, futuras investigaciones deberían explorar el efecto de intervenciones relacionadas con el ritmo circadiano –como la fototerapia o cambios en los hábitos de vida– en la reducción del riesgo de demencia.

Entre las limitaciones del estudio, los autores reconocen que no se tuvo en cuenta la posible influencia de trastornos del sueño como la apnea, que podrían haber afectado los resultados.