Unos jóvenes brindan con sus copas en una discotecaFreepik

A los 19 años, el cerebro emocional empuja a hombres y mujeres a beber alcohol de forma distinta

Identifican vías neuronales divergentes que podrían guiar estrategias de prevención eficaces

El consumo problemático de alcohol se concentra especialmente entre la juventud, una etapa marcada por una mayor frecuencia de ingesta y episodios de consumo excesivo. Aunque este hábito tiende a reducirse con la edad, iniciarse de forma precoz y mantener un consumo elevado durante la adolescencia incrementa el riesgo de desarrollar trastornos relacionados con el alcohol en la vida adulta.

Una nueva investigación, publicada en la revista Biological Psychiatry, ha concluido que en los hombres jóvenes, una mayor reactividad de la amígdala cerebral, aquella que procesa las emociones, se asoció con un aumento de los síntomas depresivos, lo que a su vez predijo un mayor consumo de alcohol. En cambio, en mujeres jóvenes no se observa esta relación: una mayor actividad de la amígdala se vincula, de hecho, con niveles más bajos de consumo problemático.

Los resultados contribuyen a cubrir un vacío relevante en la comprensión de los mecanismos neurológicos que subyacen a los patrones de consumo perjudicial, con implicaciones directas para el diseño de estrategias de prevención e intervención más eficaces.

Hasta ahora, la evidencia sobre las diferencias de género en la relación entre depresión y consumo de alcohol ha sido inconsistente. «Algunos estudios encontraban una mayor asociación en mujeres, otros en hombres, sin una explicación clara», señala la investigadora principal, Annika Rosenthal, del Charité – Universitätsmedizin Berlin. Según explica, el equipo optó por analizar los procesos neurobiológicos implicados, centrándose en cómo el cerebro responde a emociones negativas, con la amígdala como eje principal.

El estudio se basa en datos de 958 jóvenes de 19 años participantes en el proyecto europeo IMAGEN, que analiza el desarrollo cerebral durante la adolescencia. Los participantes fueron sometidos a resonancia magnética funcional mientras observaban rostros con expresiones amenazantes, lo que permitió medir la activación de la amígdala. Posteriormente, los investigadores evaluaron la relación entre esta respuesta neuronal, los síntomas depresivos y el consumo de alcohol de riesgo, teniendo en cuenta el sexo biológico como factor modulador.

Consumo problemático en hombres

Los resultados muestran que los hombres reportan mayores niveles de consumo problemático, mientras que las mujeres presentan más síntomas depresivos. Sin embargo, la vía que conecta la actividad de la amígdala con la depresión —y, a su vez, con el consumo de alcohol— solo se detecta en los hombres.

En las mujeres, en cambio, se identificó una relación inversa significativa: una mayor sensibilidad cerebral ante la amenaza se asocia con un menor riesgo de consumo problemático. Este patrón sugiere, según los autores, un posible perfil de «evitación de amenazas» que actuaría como factor protector.

La diferencia entre sexos se localiza en el vínculo entre la reactividad de la amígdala y los síntomas depresivos, no en la relación entre depresión y consumo de alcohol en sí.

Para John Krystal, editor de la revista, los hallazgos permiten identificar un mecanismo neuronal específico que ayuda a explicar por qué el consumo excesivo de alcohol se manifiesta de forma distinta en hombres y mujeres. En particular, la respuesta de la amígdala ante amenazas sociales influye con mayor intensidad en los síntomas depresivos de los varones jóvenes.

Los autores subrayan que, aunque abordar la depresión es clave en ambos sexos, sus bases neurobiológicas podrían diferir. En este sentido, los resultados refuerzan la necesidad de desarrollar estrategias de prevención y tratamiento adaptadas a estas diferencias, así como de profundizar en futuras investigaciones.