Dr. Ángel Juárez: «Un paciente no debe operarse pensando que la cirugía le va a cambiar la vida»

Entrevista

Doctor Ángel Juárez: «Un paciente no debe operarse pensando que la cirugía le va a cambiar la vida»

El Jefe de servicio en Cirugía Plástica, Estética y Reparadora de Sanitas en La Zarzuela responde a las preguntas de El Debate

Con más de 25 años de trayectoria profesional en el ámbito de la cirugía plástica, estética y reparadora, el doctor Ángel Juárez ha realizado alrededor de 10.000 intervenciones estéticas y cuenta con una amplia experiencia en procedimientos tanto estéticos como reconstructivos.

Actualmente es jefe del Departamento de Cirugía Plástica y Reparadora del Hospital Universitario La Zarzuela, en Madrid, donde desarrolla su actividad junto a un equipo multidisciplinar. Su práctica profesional combina la experiencia quirúrgica con una atención personalizada, desde la valoración inicial hasta el seguimiento de cada paciente.

Una trayectoria de más de dos décadas le ha consolidado como uno de los especialistas más reconocidos en el ámbito de la cirugía plástica de España.

–¿Qué perfil de pacientes acude a la consulta en los últimos años?

–La gran mayoría son mujeres de entre 30 y 60 años. Es cierto que también tenemos pacientes hombres, que representan aproximadamente el 15 % de quienes acuden a la consulta.

–¿Qué procedimientos son los más demandados?

–En general, la cirugía más frecuente es la cirugía mamaria, porque abarca todas las edades, desde la juventud hasta edades más avanzadas. En segundo lugar está la liposucción y, por otra parte, las cirugías de rejuvenecimiento facial.

–Entrando en la cirugía corporal, ¿cuál es la diferencia entre las distintas técnicas para eliminar grasa?

–En la liposucción se igualan algo más los porcentajes entre mujeres y hombres. Hay, en general, dos tipos de técnicas: las que no requieren cirugía y las técnicas quirúrgicas.

Dentro de estas últimas encontramos distintos tipos de liposucción: por succión, por ultrasonidos o la liposucción convencional. Son técnicas mucho más resolutivas, ya que permiten extraer grasa de diferentes partes del cuerpo y, además, remodelar la anatomía corporal.

Doctor Ángel Juárez en un momento de la entrevistaÁlvaro Raya-Demidoff

Por otra parte, están los tratamientos médicos que no son invasivos. Tienen unas indicaciones mucho más precisas porque están enfocados a áreas muy pequeñas y ofrecen resultados bastante limitados. Por eso hay que valorar cada caso y, sobre todo, cuáles son las expectativas de la paciente.

–Con los tratamientos actuales para adelgazar tipo Ozempic (agonistas del receptor GLP-1) , ¿han visto que haya aumentado el número de pacientes?

–Sí, ha aumentado un determinado grupo de pacientes. Estos tratamientos con agonistas del receptor GLP-1 producen una disminución del apetito y, por otra parte, una sensación de plenitud. Esto hace que estén indicados para determinados pacientes que quieren adelgazar. Pero pueden conllevar que, al perder volumen, aumente en muchos casos la flacidez de los tejidos. Y ese es un tipo de paciente que cada vez acude más a la consulta.

– ...¿se puede solucionar?

–Sí, hay técnicas para mejorarlo. Pero está claro que, en pérdidas masivas de peso en las que se pierde una gran cantidad de volumen, las técnicas tienen que ser más agresivas para mejorar o corregir esa flacidez.

–Respecto a la cirugía facial cada vez se busca un resultado más natural. ¿Qué aconsejan a los pacientes? ¿Qué técnicas existen?

–La cirugía facial más frecuente es, por una parte, la cirugía de la nariz o rinoplastias, sobre todo en personas jóvenes y de mediana edad. Aquí, la naturalidad consiste en mantener las proporciones. Si una nariz no encaja con el resto de la cara, se trata de modificar determinados aspectos para conseguir una mayor armonía.

La naturalidad significa mejorar o revertir los signos del envejecimiento sin transformar la cara

En pacientes con más edad, son más habituales las cirugía de los párpados o blefaroplastia y la cirugía de rejuvenecimiento facial. Aquí, la naturalidad significa mejorar o revertir los signos del envejecimiento sin transformar la cara. El paciente debe poder reconocerse como años atrás, sin cambiar la orientación de los ojos ni generar un rostro plano. Esa es, para nosotros, la naturalidad en la cirugía de rejuvenecimiento.

–¿En qué consiste una blefaroplastia o cirugía de párpados?

–La cirugía de párpados es generalmente una cirugía de rejuvenecimiento, aunque también puede tener una finalidad funcional. Con los años, en ocasiones el párpado superior va cayendo hasta llegar a dificultar la visión.

La cirugía de párpados se realiza generalmente en quirófano, con anestesia local y un poco de sedación. Se trata de retirar el exceso de piel de los párpados superiores y, en algunos casos, los abultamientos o acúmulos de grasa de los párpados inferiores. A veces también se asocia con una elevación de la ceja, porque con el tiempo la ceja también tiende a estar más pesada.

–Respecto a la cirugía mamaria, ¿cómo ha evolucionado en los últimos años?

–Principalmente ha evolucionado en la seguridad de los implantes. El implante mamario se lleva utilizando más de 50 años y, al igual que ocurre con los medicamentos y otros dispositivos médicos, se invierte e investiga para conseguir implantes cada vez más seguros. Esa es una de las partes más importantes en las que ha evolucionado la cirugía mamaria.

Por otro lado, también ha avanzado el uso de dispositivos que permiten realizar simulaciones, como las simulaciones en 3D. Todo ello nos permite ser mucho más precisos y seguros en la cirugía mamaria.

–¿Es necesario cambiar los implantes a lo largo de los años?

– Quizá la respuesta sea que los implantes no son para toda la vida. Son dispositivos médicos y no podemos asegurar que duren para siempre. Conllevan un desgaste y la duración media es de entre 12 y 14 años.

Lo que se aconseja es realizar revisiones anuales mediante técnicas de imagen, como una ecografía y, en algunos casos, una resonancia. Los resultados de estas pruebas son los que nos van a indicar si es necesario sustituir el implante.

A una paciente no se le puede decir que tiene que cambiarse los implantes cada determinado tiempo. Debe hacerlo cuando se observe un deterioro o cuando produzcan alguna complicación.

–¿Qué edad recomendaría, como norma general, para ponerse un implante mamario?

–Para someterse a una cirugía de implantes mamarios hay que tener una madurez física y también intelectual. Una paciente que decide someterse a un aumento mamario tiene que estar segura y tener la certeza de que quiere operarse y de que no lo hace por una moda.

En algunos casos, cuando existen grandes malformaciones o asimetrías, quizás la edad se pueda adelantar a partir de los 18 años. En otros casos, cuando se plantea un aumento con fines estéticos, a partir de los 20 años pensamos que es una edad en la que la paciente ya puede decidir con mayor certeza.

–¿Y una reducción mamaria?

–La reducción mamaria se puede hacer a partir de cualquier edad, una vez que ha terminado el desarrollo, aproximadamente a partir de los 16-18 años. Si existe un volumen mamario importante, puede ser un problema no solamente físico, sino también psicológico. Se convive mal con unas mamas excesivamente grandes.

–En su experiencia, ¿qué expectativas son las más difíciles de gestionar después de una cirugía?

–Las más difíciles de gestionar son las expectativas emocionales. Habitualmente vemos a los pacientes dos o tres veces antes de la cirugía. No se trata simplemente de aplicar una técnica, sino de entender por qué ese paciente quiere operarse y cuáles son los motivos que le llevan a ello. A partir de ahí, nosotros aplicamos la técnica más adecuada.

Por eso, las expectativas emocionales tienen que ser prioritarias. Un paciente no puede operarse pensando que la intervención le va a cambiar la vida, que va a encontrar un trabajo o que va a recuperar algo que ha perdido. Tiene que operarse porque existe algo que no le hace sentirse bien, que además sea objetivable, y debe asumir que una operación es un procedimiento quirúrgico que conlleva un postoperatorio.

Por tanto, esas expectativas emocionales tenemos que manejarlas muy bien antes de que el paciente se someta a una cirugía.

–¿Qué preguntas debería hacerse en la primera consulta?

–Primero, lo más importante: ¿estás seguro de esta intervención? Es un acto médico y quirúrgico, con todo lo que ello conlleva. Hay que preguntarse si uno está realmente seguro y si no está siendo presionado por el entorno, la familia o la pareja.

En segundo lugar, hay que tener toda la información sobre el cirujano o la cirujana que va a realizar la intervención: si tiene la especialidad correspondiente y cuál es su trayectoria.

Y, en tercer lugar, hay que valorar en qué entorno se va a realizar la intervención. Es importante que sea un entorno hospitalario. Todo eso hay que valorarlo antes de operarse.

–¿Dónde debería situarse la frontera entre una intervención estética razonable y una intervención que un cirujano debería desaconsejar?

–Hay un término que utilizamos en cirugía. Cuando vemos que existe una alteración importante que preocupa al paciente, pensamos que puede ser una buena indicación. Sin embargo, cuando vemos una pequeña alteración que preocupa al paciente de una manera desmedida, pensamos que no es una buena indicación.

¿Cuándo debemos decir que no? Cuando un paciente tiene unas expectativas muy altas, cuando acude con imágenes suyas pasadas por filtros o con imágenes de otras personas y quiere parecerse a ellas. También cuando existe un trastorno dismórfico, es decir, cuando no acepta su propio cuerpo.

Y, por supuesto, cuando existe un problema importante de salud física o psicológica. Al fin y al cabo, una cirugía está destinada a mejorar algo y no podemos poner en riesgo la salud.