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Alimentación

Pan congelado: beneficios para la salud y el fallo que arruina sus efectos

El pan es uno de los productos que más se modifica después del proceso de congelación

no tener una barra de pan colocada en la mesa para comer no es algo común en los hogares de nuestro país. Y es que España ha crecido con algunas tradiciones irrompibles que han perdurado desde el pasado. Como todas ellas, tienen una explicación, y es que, en el caso del pan, este alimento era uno de los más baratos, proveniente de uno de los productos que abundaban durante la Guerra Civil Española: el trigo.

Por tanto, el alimento más abundante en las casas, además de la patata, era el pan. Dos productos saciantes que alimentaron a muchas bocas españolas durante largos periodos de hambruna y pobreza.

Por ello, el pan ha sido y continúa siendo el acompañante habitual en las mesas de los comensales en los hogares, restaurantes y bares de todo el país. Debido a su alta demanda, requiere una gran producción, lo que en ocasiones supone que haya mucho pan sobrante, el cual muchos optan por tirar, ya que se reseca con facilidad en un periodo corto de tiempo. Pero una opción correcta, e incluso beneficiosa para nuestra salud, es congelarlo.

Someter el producto al proceso de congelación aporta beneficios —lejos de lo que muchos creen sobre su sabor— para la salud de quienes lo consumen.

El pan está compuesto por carbohidratos, fibra, vitaminas del grupo B, fósforo, entre otros nutrientes. Pero puede aportar todavía más si lo consumimos después de dejarlo unas horas en el congelador.

Nutricionistas y expertos están de acuerdo en el porqué y la manera en que se debe congelar el pan para que este aporte dichos beneficios añadidos.

El proceso de congelación del pan ayuda a modificar la estructura del almidón, lo que hace que se transforme en un tipo de fibra beneficiosa para la microbiota intestinal. No solo eso, también ayuda a que los picos de insulina no afecten como lo hacen normalmente, ya que los niveles de glucosa en sangre son mucho menores.

Pero, como se ha indicado anteriormente, no se debe congelar de cualquier manera. La forma correcta de hacerlo, para que el cuerpo adquiera todos los beneficios pertinentes, es la siguiente:

Una vez comprado, coge tu pan recién horneado y deja que se enfríe si aún está caliente. Envuélvelo correctamente para evitar la aparición de moho y, por último, introdúcelo en el congelador.