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Alimentación

Manzana con o sin piel: ¿Cuándo es astringente y cuándo laxante?

La fruta y la verdura es una parte muy importante en la composición de la dieta debido al aporte de hidratos de carbono, vitaminas, minerales, fibra y agua. La Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN), recomienda comer cinco raciones de fruta y verdura al día, habitualmente 2-3 raciones de verdura y/o 3-4.

Una de las frutas más consumidas es la manzana que contienen principalmente agua e hidratos de carbono (fructosa, glucosa, sacarosa). Es rica en fibra, lo que le convierte en un alimento útil a nivel digestivo como regulador intestinal. Pero, ¿es mejor con piel o pelada?

El dietista-nutricionista y tecnólogo alimentario Aitor Sánchez explica cómo una misma fruta, la manzana, puede tener efectos opuestos sobre el tránsito intestinal dependiendo de cómo se consuma.

Según detalla el especialista, la clave está en la composición de la fibra. Cuando la manzana se ingiere cruda y con piel, aporta principalmente fibra insoluble –como celulosa, hemicelulosa y ligninas– que favorece el tránsito intestinal y ayuda a combatir el estreñimiento. Además, la piel contiene antioxidantes, vitaminas y genera mayor sensación de saciedad, por lo que la recomendación general es consumir la fruta entera siempre que sea posible y se tolere bien.

Sin embargo, al pelar la manzana cambia el tipo de fibra predominante. En este caso, destaca la pectina, una fibra soluble con capacidad de gelificar y compactar el contenido intestinal, lo que puede ayudar a espesar las heces y aliviar episodios de diarrea. Esta misma sustancia es la que se utiliza para elaborar mermeladas.

El efecto se potencia aún más cuando la fruta se consume rallada. Al triturarla, se rompen las cadenas de pectina y se exponen más moléculas, aumentando su capacidad de acción. A ello se suma el llamado pardeamiento enzimático –el color marrón que aparece al cortar o rallar la fruta–, un proceso en el que los polifenoles se oxidan y generan compuestos que se unen a la pectina, reforzando su efecto gelificante.

En conclusión, el experto subraya que una misma fruta puede utilizarse con objetivos distintos según su preparación: la manzana entera y con piel favorece el tránsito intestinal, mientras que pelada o rallada puede contribuir a controlar la diarrea.