Descubren cómo el horario de las comidas programa los ritmos diarios del hígado
Alimentación
La explicación científica de por qué conviene cenar a las 8 de la tarde si te acuestas a las 11
Descubren cómo el horario de las comidas programa los ritmos diarios del hígado
En el cerebro un reloj maestro sincroniza miles de relojes moleculares distribuidos por todo el organismo. Juntos, anticipan señales como la salida del sol, la llegada de la noche y los ritmos diarios del cuerpo. Los investigadores han descubierto que el hígado también está atento a otra señal, una que sintoniza con algo mucho más cotidiana: la señal de la hora de la cena.
Un estudio, publicado en la revista Nutrition & Diabetes, demostró que ingerir más del 45 % de las calorías diarias a partir de las cinco de la tarde se asociaba con un aumento de los niveles de glucosa en sangre, lo que conlleva consecuencias negativas para la salud independientemente del peso o la grasa corporal.
Ahora, un estudio de la Universidad de Texas A&M ha descubierto que el horario de las comidas activa una vía de señalización de nutrientes que impulsa la actividad rítmica de los genes del hígado, independientemente de su reloj circadiano.
Los resultados, publicados en Science Advances y respaldados por los Institutos Nacionales de Salud, sugieren que el momento en que comemos puede ser tan importante como lo que comemos, especialmente cuando los horarios de alimentación entran en conflicto con el reloj biológico.
«Hemos demostrado que el hígado no solo se sincroniza con relojes moleculares, sino que también utiliza señales alimentarias. Y cuando se altera la sincronización de estas señales, puede tener graves consecuencias metabólicas y para la salud», afirma Dr. Jerome Menet, quien ha dirigido el estudio.
Cuando la comida llega a deshora
Los investigadores ponen un ejemplo muy gráfico: Imagina una fábrica con un cronograma de producción meticulosamente planificado. Al finalizar la jornada laboral, su reloj indica que es hora de cerrar. De repente, a medianoche, llega un camión con un nuevo envío de materiales.
La fábrica aún puede funcionar, pero ahora su calendario de entregas no coincide con su calendario de producción, y los trabajadores están haciendo horas extras cuando se supone que la fábrica debería estar reduciendo su actividad.
En la vida real esto equivaldría, según distintos estudios a dejar de comer al menos tres horas antes de dormir. Si la hora de irse a la cama son las 11 de la noche la cena debería ser a las 8 e la tarde.
Esa es la tensión biológica de la nueva investigación. Si el reloj circadiano le indica al cuerpo que es de noche, mientras que la comida le ordena al hígado que inicie un turno de producción completo, ambos comienzan a enviar señales contradictorias.
Consecuencias para la salud
Con el tiempo, estas señales contradictorias podrían tener graves consecuencias para la salud, especialmente entre quienes viven habitualmente en contra del ciclo natural de día y noche del cuerpo.
«Nuestros resultados pueden ayudar a explicar por qué los trabajadores nocturnos, las personas que comen habitualmente a altas horas de la noche y los viajeros frecuentes con horarios de sueño irregulares tienen un mayor riesgo de padecer afecciones como la enfermedad del hígado graso, enfermedades cardiovasculares e incluso cáncer», dijo Menet.
Por el contrario, los hallazgos del equipo de investigación también proporcionan una sólida base biológica para la crononutrición, es decir, cómo el momento, la frecuencia y la distribución de los alimentos interactúan con el ritmo circadiano de 24 horas del cuerpo para influir en el metabolismo y la salud.
En concreto, la investigación podría ayudar a explicar por qué estrategias dietéticas populares como el ayuno intermitente, o más precisamente, la alimentación con restricción horaria, han atraído tanta atención. Es decir, un periodo de alimentación fijo crea un calendario predecible de señales nutricionales que mantienen el metabolismo en ritmo.
De cara al futuro, el mapeo de la maquinaria molecular exacta que subyace a los ritmos hepáticos regulados por los alimentos abre posibilidades clínicas fascinantes.
«Esto abre la puerta a la idea de que tan importante como el medicamento es el momento de su administración, en consonancia con la vía de señalización de nutrientes de los ritmos hepáticos y no solo con la hora del día», dijo Menet. «Eso podría tener un impacto, por pequeño que sea, en el éxito de las intervenciones farmacológicas».
En definitiva, la luz solar ayuda a regular nuestro reloj biológico, mientras que los alimentos también envían sus propias señales al cuerpo, y nuestro hígado responde a ambas. Cuando llega la hora de cenar, lo más importante es que estas señales estén sincronizadas, para que nuestro metabolismo se mantenga en ritmo.