El exministro José Luis Abalos y Koldo García llegan al Supremo EUROPA PRESS 27/11/2025
José Luis Ábalos y Koldo García: las consecuencias psicológicas de entrar en prisión
El exministro de Transportes y su asesor han pasado su primera noche en prisión
El exministro de Transportes, José Luis Ábalos, y quien fuera su asesor, Koldo García, han compartido por primera vez celda en el centro penitenciario madrileño de Soto del Real. Esta situación se produce tras la decisión del magistrado del Tribunal Supremo, Leopoldo Puente, de decretar prisión provisional para ambos, al considerar que existe un riesgo de fuga calificado como «extremo».
Según fuentes citadas por Europa Press, Koldo García afronta la reclusión con serenidad, mientras que Ábalos habría manifestado un estado de ánimo más alterado, describiéndolo como «un poquito peor».
Las consecuencias psicológicas de la falta de libertad, según explican los psicólogos van desde la rabia, ansiedad y soledad hasta la tristeza. Durante las primeras jornadas, los expertos consideran habitual atravesar un estado de shock: una fase inicial en la que las personas apenas reaccionan a lo que ocurre y perciben la situación como algo irreal o distante.
Con el paso del tiempo se va tomando conciencia de la realidad y es cuando afloran con más intensidad emociones como la rabia y la tristeza, consideradas reacciones normales ante la asimilación de un contexto que deja de percibirse como temporal o ajeno.
Un estudio de la Educadora Social Marta Megía Ciudad y la psicóloga Ana Isabel Isidro de Pedro, de la Universidad de Salamanca, publicado en la revista International Journal of Developmental and Educational Psychology, explica que la entrada en prisión implica un proceso de adaptación física y psicológica que toda persona debe afrontar para ajustarse a la vida en un entorno carcelario. Los efectos emocionales y cognitivos derivados de este cambio abrupto.
El interno convive con lo que JA Echeverri-Vera denomina una «normalidad carcelaria», un estado que dista de ser sinónimo de bienestar. En realidad, supone la naturalización de un entorno tenso y altamente exigente, lo que desemboca en una marcada inestabilidad emocional.
Por su parte, José Ignacio Ruíz Pérez en su trabajo Estrés en prisión y factores psicosociales añade que la vida diaria en prisión expone de forma constante al recluso a situaciones que requieren un esfuerzo adaptativo extraordinario, proceso conocido como prisionalización.
Entre los efectos más habituales asociados a esta adaptación forzada destacan el estrés y sus manifestaciones emocionales –ansiedad, depresión u otros malestares psicológicos–.
Los efectos psicológicos
Según explica en un artículo la psicóloga clínica María José Rosas Carmona, la entrada en prisión desencadena una serie de efectos psicológicos que varían según las circunstancias del encarcelamiento y la personalidad de cada interno. Entre las reacciones más frecuentes destacan las siguientes:
1. Ansiedad
La ansiedad surge como respuesta inmediata ante lo desconocido. Su intensidad depende tanto de las condiciones en las que se produce el ingreso en prisión como del perfil individual del recluso.
2. Despersonalización
Muchos internos experimentan una pérdida de identidad al ser reducidos a un número y pasar a formar parte de un colectivo estigmatizado socialmente. Esta sensación de despersonalización altera la percepción de sí mismos y de su lugar en el entorno penitenciario.
3. Pérdida de intimidad
La convivencia obligada con otros presos limita los espacios privados y los momentos de introspección. Cuando el ambiente es hostil o inseguro, esta falta de intimidad se agrava y genera un mayor desgaste emocional.
4. Baja autoestima
El encarcelamiento puede provocar sentimientos de fracaso o decepción personal, lo que deriva en una disminución de la autoestima. No obstante, algunos internos mantienen su autopercepción intacta, especialmente quienes se sienten identificados con su estilo de vida previo.
5. Falta de control sobre la propia vida
La imposibilidad de tomar decisiones sobre aspectos personales, familiares o sociales alimenta la frustración. Aunque existe un margen de elección dentro del centro, las opciones son limitadas y el control sobre factores externos es prácticamente nulo.
6. Ausencia de expectativas
Las metas a largo plazo se difuminan y, en muchos casos, solo permanece el deseo de recuperar la libertad. La sensación de tiempo perdido y la urgencia por «recuperarlo» marcan el estado emocional de numerosos reclusos.
7. Alteraciones en la sexualidad
La falta de rutinas sexuales habituales puede generar frustración, disfunciones o bloqueos que afectan al desarrollo normal de la vida sexual del interno.