Amir Levine

Amir Levine: «No hay ansiolítico que produzca un efecto tan inmediato como una relación segura»

El profesor de Psiquiatría en la Universidad de Columbia presenta el libro Seguridad emocional

El doctor Amir Levine y coautor del superventas Maneras de amar, traducido a más de 40 idiomas y consolidado como una obra de referencia en el ámbito de las relaciones de pareja, regresa con, Seguridad emocional (Ed. Planeta), donde analiza el apego –seguro, ansioso y evitativo– y la forma en la que nos relacionamos.

Levine, profesor de Psiquiatría en la Universidad de Columbia asegura que las personas con un estilo de apego seguro no solo desarrollan relaciones más profundas, sino que se sienten más cómodas consigo mismas. Los beneficios son extraordinarios ya que tienden a disfrutar de mejor salud, son más eficientes, menos susceptibles, e incluso menos proclives al consumismo. Las investigaciones más recientes demuestran que cualquier persona, independientemente de su tipo de apego, puede alcanzar la seguridad emocional. Este libro comparte una terapia basada en la activación de lo que el autor denomina «modo seguro». Además, ofrece herramientas prácticas, respaldadas por la neurociencia, para ayudar a los lectores a cultivar la salud emocional y construir una vida más plena.

Tres partes

El autor divide el libro en tres partes: comprender cómo funciona el cerebro y su capacidad de cambio; aprender a desarrollar un estilo de apego más seguro; y, finalmente, reinterpretar la propia historia personal con una mirada más científica y equilibrada. En este proceso, conceptos como la diversidad molecular ayudan a identificar recursos internos que favorecen la seguridad emocional.

«Este libro, igual que el trabajo que realizo con mis pacientes, te ayudará a sacar partido de esos posos seguros que hay en ti y en tu mundo y a expandirlos y desarrollarlos para que tú también puedas llegar a ser una persona más segura», explica Amir Levine.

Sentirse excluido

Uno de los pilares del enfoque es entender cómo el cerebro reacciona ante la exclusión. Experimentos como el Cyberball –tres personas juegan a pasarse una pelota, siendo nosotras una de ellas. De repente, los otros dos jugadores dejan de pasárnosla y nos ignoran por completo– han demostrado que ser ignorado activa áreas cerebrales vinculadas al dolor emocional y la autoevaluación, generando inseguridad incluso cuando la exclusión proviene de personas que no nos agradan. De forma similar, el experimento del rostro inexpresivo de Ed Tronick evidencia que, desde la infancia, la desconexión emocional provoca respuestas intensas de angustia y retirada.

Hiperconectividad

Nuestro cerebro vive la exclusión como algo muy desagradable, con efectos en lo más profundo de la psique. Frente a este impacto, el autor propone la «hiperconectividad» como antídoto: una red de relaciones seguras que reduce la sensación de amenaza y mejora tanto la salud mental como la física. Este tipo de vínculos se basa en cinco características clave agrupadas en el acrónimo PReDiCC: predictibilidad, reactividad, disponibilidad, confiabilidad y consistencia.

Esta herramienta nos permite mantener interacciones estables, evitando interrupciones o sobresaltos que puedan desestabilizar el cerebro. En este sentido, la constancia resulta clave para construir un apego seguro. Para lograr una verdadera conexión, es importante sostener un nivel de contacto regular con las personas de nuestra vida, sin grandes fluctuaciones, pero con la disposición de comprometernos a seguir presentes y asumir cierta responsabilidad en la relación.

Ser confiable implica que la otra persona perciba que puede contar con nosotros de manera continua, accesible y receptiva. Por su parte, la predictibilidad permite anticipar nuestras acciones, evitando sorpresas negativas, desapariciones repentinas o situaciones de ghosting.

Neuroplasticidad

La especie humana destaca por su enorme capacidad de adaptación. Nuestras redes neuronales responden y se ajustan continuamente a contextos sociales en constante cambio. Diversos estudios indican que quienes reciben reconocimiento social —como los premios Nobel— tienden a vivir más años.

Cuando el cerebro cuenta de forma regular con las condiciones adecuadas, puede incluso superar condicionamientos adquiridos en la infancia.

Un entorno favorable puede estimular la aparición de nuevas neuronas

Un entorno enriquecedor se construye a partir de múltiples pequeñas interacciones que, repetidas a diario, transforman la vida de manera positiva. Amir Levine las denomina interacciones menores aparentemente insignificantes (IMAI), y desempeñan un papel clave en el desarrollo de un apego más seguro. «No hay ansiolítico o relajante en el mundo que produzca nada parecido al efecto inmediato y profundo de una conexión segura. Y eso se debe a que somos una especie social, y estar en presencia de personas en las que confiamos es una manera fundamental de regular nuestras emociones y sentirnos seguros», afirma el autor.

Vivir en modo seguro

El cerebro dispone de una reserva de energía limitada, gran parte de la cual se destina a funciones básicas de supervivencia: mantener la respiración, el estado de alerta y la conciencia del entorno para garantizar la seguridad. Entre las regiones que más energía consumen se encuentra la corteza prefrontal, responsable del pensamiento abstracto, la creatividad, la planificación y la reflexión.

El cerebro evalúa constantemente la presencia de otras personas a nuestro alrededor, ya que la compañía puede incrementar la sensación de seguridad

Cuando estamos con personas que nos hacen sentir bien, disminuye la necesidad de vigilancia defensiva y se liberan recursos que pueden dedicarse a amar, trabajar, crear y desarrollarnos. De hecho, los estudios muestran que en las personas con apego seguro la amígdala suele ser menos reactiva y, cuando se activa, recupera la calma con mayor rapidez.

Amir Levine propone en el libro identificar nuestro estilo de apego mediante un cuestionario de estructuras relacionales basado en evidencia científica. Plantea, por ejemplo, la siguiente situación: imagina que estás de viaje y, al regresar, encuentras un mensaje de tu pareja que dice: «Llámame cuando recibas esto, tenemos que hablar». ¿Qué es lo primero que piensas? La respuesta suele surgir de manera automática y refleja una programación previa del cerebro: nuestro estilo de apego.

Apego ansioso

Se caracteriza por el miedo al abandono y la necesidad constante de reafirmación. Las personas con este estilo tienen un sistema nervioso muy sensible, capaz de detectar cambios sociales con gran rapidez. Aunque esta percepción puede ser una fortaleza, también puede verse distorsionada por dinámicas como el gaslighting (invalidación de la propia intuición) o el ciclo protesta–arrepentimiento, que genera conflictos repetitivos y desgaste emocional.

Apego evitativo

Se basa en una preferencia por la distancia y la autonomía. Quienes lo presentan pueden desconectarse emocionalmente sin darse cuenta, lo que a menudo se interpreta como desinterés. Sin embargo, no es rechazo, sino una forma de regulación. Para que las relaciones funcionen, necesitan cercanía sin presión, con señales constantes y predecibles que respeten su espacio.

Apego temeroso-evitativo

Combina el deseo de intimidad con el miedo a ella, generando una dinámica interna contradictoria: necesidad de cercanía y rechazo simultáneo. Esto produce relaciones inestables, con alternancia entre aproximación y distancia. Superarlo implica construir vínculos seguros, estables y predecibles, avanzando poco a poco hacia la confianza.