Aceptar cumplidos

Decir «gracias» cuando te felicitan no siempre es tan sencilloGetty Images

Qué dice la psicología de la gente a la que le cuesta aceptar un cumplido

Cuando nuestro autoconcepto no coincide con el elogio recibido, puede aparecer una sensación de malestar

«No es para tanto», «ha sido suerte» o «podría haberlo hecho mejor». Estas son algunas de las respuestas que damos casi de forma automática cuando alguien nos felicita. Aunque parezcan expresiones de modestia, detrás de esta dificultad para aceptar un cumplido pueden esconderse factores relacionados con la autoestima, la imagen que tenemos de nosotros mismos y las experiencias personales.

El psicólogo Santo Solano ha abordado esta cuestión en el programa Cuerpos especiales, de Europa FM, en el que explica qué ocurre cuando una persona resta importancia a los elogios que recibe y por qué, en ocasiones, resulta tan difícil responder con un simple «gracias».

Una de las principales razones por las que cuesta aceptar un elogio es que no siempre coincide con la percepción que tenemos de nosotros mismos. Si alguien nos atribuye una cualidad que no reconocemos como propia, podemos experimentar una contradicción interna que nos lleve a rechazar el reconocimiento.

«Lo primero que tenemos que tener en cuenta es que aceptar un cumplido significa reconocer algo positivo de nosotros mismos. Y eso nos puede costar, sobre todo si choca con la propia imagen que tenemos de nosotros mismos», explica Solano.

El psicólogo señala que, cuando nuestro autoconcepto no coincide con el elogio recibido, puede aparecer una sensación de malestar conocida como disonancia cognitiva.

«Si me considero, por ejemplo, una persona poco atractiva y alguien me dice: «Estás guapísimo hoy», me va a generar un malestar interno. Hay algo que no me encaja y voy a intentar rechazarlo de alguna manera: quitándole valor o, directamente, sintiéndome engañado», explica.

Esta reacción puede ser especialmente frecuente en personas con baja autoestima o una autocrítica muy elevada, que tienden a cuestionar los aspectos positivos que los demás reconocen en ellas.

Sesgo de negatividad

Otro factor que puede influir es el sesgo de negatividad, una tendencia psicológica a prestar más atención o dar más peso a las experiencias negativas que a las positivas.

En este contexto, incluso un elogio sincero puede despertar pensamientos como «si me conocieras de verdad» o «si supieras lo que me ha costado». En lugar de aceptar el reconocimiento, la persona busca motivos para restarle valor.

Esta forma de interpretar los cumplidos también puede relacionarse con el síndrome del impostor, caracterizado por la dificultad para reconocer los propios logros y por la sensación de no merecer el éxito alcanzado.

Quienes experimentan este tipo de inseguridad pueden atribuir sus resultados a la suerte, las circunstancias o la ayuda de otras personas, en lugar de reconocer su esfuerzo y sus capacidades.

De este modo, un cumplido que para quien lo hace es una expresión espontánea de admiración puede convertirse, para quien lo recibe, en una situación incómoda que necesita justificar o resolver.

Por qué nos cuesta decir «gracias»

La dificultad para aceptar elogios no siempre tiene su origen en la autoestima. También puede estar relacionada con el aprendizaje social y las normas culturales con las que hemos crecido.

En determinados entornos, aceptar abiertamente un cumplido puede interpretarse como una muestra de vanidad o arrogancia. Para evitar esa impresión, algunas personas recurren a lo que podría describirse como una modestia defensiva: minimizan sus méritos, atribuyen sus logros a la suerte o insisten en que podrían haberlo hecho mejor.

Aceptar un cumplido no es arrogancia. Es simplemente reconocer algoSanto SolanoPsicólogo

Esta respuesta les permite evitar la sensación de estar presumiendo, pero también puede dificultar que reconozcan sus propias cualidades. Solano recuerda que aceptar un elogio no significa considerarse superior a los demás.

La diferencia está en reconocer una cualidad propia sin exagerarla ni utilizarla para situarse por encima de otras personas.

Infancia y experiencias personales

La historia personal es otra de las claves para entender por qué algunas personas se sienten incómodas cuando reciben elogios.

Quienes han crecido en familias donde apenas se expresaba el reconocimiento o predominaban las críticas pueden haber aprendido a desconfiar de las valoraciones positivas. En esos contextos, recibir un cumplido puede resultar extraño, especialmente si no forma parte de la manera habitual de relacionarse.

También pueden influir las experiencias de humillación, rechazo o acoso escolar. Si una persona ha recibido elogios en tono de burla o como una forma de ridiculizarla, puede desarrollar cierta desconfianza ante los comentarios positivos, incluso cuando son sinceros.

A ello se suma la autoexigencia crónica, que lleva a algunas personas a sentir que nunca hacen lo suficiente o que siempre podrían haber conseguido un resultado mejor.

Desde esta perspectiva, responder «podría haberlo hecho mejor» no es necesariamente una muestra de exigencia saludable. En ocasiones, refleja una dificultad para reconocer los propios avances y aceptar que algo puede estar bien sin ser perfecto.

Cómo aprender a aceptar cumplidos

Si una persona se reconoce en estas situaciones, el primer paso consiste en identificar su reacción automática. No se trata de obligarse a creer todo lo que los demás dicen, sino de aprender a recibir un comentario positivo sin sentir la necesidad inmediata de cuestionarlo.

Solano recomienda detenerse un momento antes de responder y evitar la tendencia a minimizar el elogio por pura costumbre.

En lugar de contestar «ha sido suerte», «no es para tanto» o «cualquiera podría haberlo hecho», se puede probar con una respuesta sencilla: «Gracias».

Este gesto no implica estar completamente de acuerdo con la valoración de la otra persona. Significa aceptar que alguien ha querido expresar algo positivo sin necesidad de justificarse, rebajarse o devolver inmediatamente el cumplido.

«Puede que no te veas guapo o que no creas que lo hayas hecho tan bien, pero, si alguien te hace un cumplido, responde simplemente «gracias»», aconseja el psicólogo.

Con la práctica, aprender a recibir elogios puede ayudar a cuestionar la autocrítica excesiva y a desarrollar una relación más amable con uno mismo. «Saber aceptar cumplidos es un acto de salud emocional. Simplemente se trata de tratarnos a nosotros mismos con la misma amabilidad con la que trataríamos a alguien a quien queremos», concluye Solano.

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