El Dr. Amable Cima explica los mecanismos de negación psicológica en la política española

El psicólogo Amable Cima explica los mecanismos de negación en la política española

Los mecanismos de negación psicológica en la política española: psicología política y épica de la resistencia

El control del relato es un estilo político que se ha incrustado en las relaciones políticas en España con un éxito evidente: la negación como la quintaesencia de la gestión emocional del electorado, de su percepción del personaje público como uno más de ellos y de compartir con el líder la épica de resistencia ante las «fuerzas oscuras» de la oligarquía dominante.

Este mecanismo de negación no tiene un trasfondo clínico o psicopatológico, sino un estilo de funcionamiento fundamentado en doblar la realidad para ajustarla, en cada momento, a las necesidades de supervivencia política del personaje público. De este modo, las críticas o la «pena de telediario» no se ven como una amenaza, sino como una oportunidad para que el líder refuerce su imagen, en una suerte de negación adaptativa, para la que es necesario, también, contar con una estructura de personalidad que admita este modo de funcionar. Es un modelo basado en la reactancia psicológica, donde la crítica constante y descarnada hacia el líder genera una reacción de apoyo más incondicional entre sus seguidores.

Disonancia cognitiva

Podemos considerar un segundo nivel de este mecanismo de negación, en el cual es la disonancia cognitiva la que permite «cabalgar contradicciones» o, simplemente, considerar un «cambio de opinión» para evitar contradecirse (es decir, mentir) respecto de opiniones o ideas-fuerza del pasado. Estos giros copernicanos respecto de posiciones previas han sido bastante comunes en la política española de los últimos años. El ejemplo de «amnistía, no» a «la amnistía es una obligación moral para coser las heridas entre España y Catalunya» es un ejemplo paradigmático de cómo una mentira con mayúsculas se convierte en un axioma de la nueva política, vendido como un cambio de opinión derivado de nuevas informaciones o relaciones sociopolíticas, nunca como una mentira que se vendió en su momento como una verdad incontrovertible.

Esta negación no tiene un trasfondo clínico o psicopatológico, sino un estilo de funcionamiento fundamentado en doblar la realidad para ajustarla a las necesidades de supervivencia política

En estos casos, el personaje político reduce el malestar psicológico de sus seguidores a través de una narrativa de inteligencia política, eficacia en la gestión, control de la situación y seguridad para seguir adelante. De nuevo estamos en un caso que no implica una falsedad deliberada, sino en considerarlo como una evolución de inteligencia política que ofrece una imagen de líder fuerte y sabio, al que hay que seguir y apoyar en todo momento.

Elusión de la propia responsabilidad

Por último, el mecanismo de negación ofrece una oportunidad para la elusión de la propia responsabilidad, culpando a elementos externos a su control de ser los responsables últimos de la situación que se niega. El «¡fango!», los «¡bulos de la ultraderecha!», o la «opinión pública es inmadura y está mal informada» son estrategias de comunicación política que buscan, en momentos de incertidumbre o ante noticias que generan inquietud social, mantener la autoridad simbólica del líder alejándole del foco de responsabilidades, de tal modo que se protege su legitimidad del liderazgo (el líder no debe bajar a la arena para confrontar con cualquiera), evitando su desgaste público y político.

Es un estilo político para mantener el propio relato de la realidad, independientemente de si esta «realidad» lo que ofrece es una imagen especular de un modo corrupto de hacer las cosas

Es entonces cuando los lugartenientes (desde ministros hasta «bots» de redes sociales) salen en tromba a enfangar el campo de juego con afirmaciones gruesas («se quiere tumbar un gobierno legítimo con medios no democráticos», «¡lawfare!», «fachas con toga»), con un claro contenido emocional para remover las tripas de sus seguidores, no su cerebro racional, independientemente de que estas afirmaciones sean exageraciones o directamente falsas.

En resumen, este mecanismo de negación empleado en la política gubernamental formaría parte de una estrategia híbrida para ejercer un control rígido del relato de los acontecimientos, que no escape a sus intenciones de marcar «el buen camino» a sus seguidores, en contraposición de «el mal camino» por el que transita la oposición. Tendremos, por tanto, una negación narrativa, reinterpretando los acontecimientos a su gusto y convirtiéndolos en un ataque que exige una respuesta épica; una negación cognitiva, que permitirá mantener la coherencia psicológica por medio de la minimización o el reencuadre de las contradicciones en que se ve envuelto el líder, y, en tercer lugar, la negación defensiva, donde directamente se evita asumir ningún tipo de responsabilidad, convirtiendo a la oposición en la verdadera causante del mal.

Por tanto, no estamos hablando de una característica psicopatológica que defina la personalidad del individuo, del líder; no estamos ante un mentiroso compulsivo, sino ante un estilo político de hacer todo para mantener el propio relato de la realidad, independientemente de si esta «realidad» lo que ofrece es una imagen especular de un modo corrupto de hacer las cosas.

  • Prof. Dr. Amable Cima
​Universidad CEU San Pablo – Departamento de Psicología Doctor en Psicología – Psicólogo Especialista en Psicología Clínica