La Dra. Rebeca García explica cómo los cambios hormonales pueden modificar la tolerancia al alcohol
¿Por qué ahora me sienta mal el vino? Cómo los cambios hormonales pueden modificar la tolerancia al alcohol
Esta es una consulta cada vez más habitual entre mujeres que están entrando en la perimenopausia
«Antes podía tomar dos copas de vino y al día siguiente estaba perfectamente. Ahora una sola copa me provoca calor, palpitaciones, dolor de cabeza o una noche horrible».
Es una consulta cada vez más habitual entre mujeres que están entrando en la perimenopausia. No significa necesariamente que hayan desarrollado una alergia al vino ni que exista un problema hepático. En muchas ocasiones, el alcohol está actuando sobre un organismo cuyo equilibrio hormonal, sueño, composición corporal y capacidad de recuperación están cambiando.
La sensación es real, aunque no exista una única explicación aplicable a todas las mujeres.
Cómo se metaboliza el alcohol
El alcohol se absorbe principalmente en el estómago y el intestino delgado y se metaboliza sobre todo en el hígado. Sus efectos dependen de la cantidad y velocidad de consumo, la graduación de la bebida, si se ha comido, la composición corporal, determinados medicamentos y la capacidad individual para procesarlo.
Con la edad suele disminuir el porcentaje de agua corporal y puede reducirse la masa muscular. Como el alcohol se distribuye fundamentalmente en el agua del organismo, la misma cantidad puede alcanzar una concentración más elevada que años atrás.
En las mujeres, además, los cambios propios de la perimenopausia pueden amplificar algunos de sus efectos. No está demostrado que el descenso de estrógenos, por sí solo, bloquee o ralentice de forma uniforme la eliminación del alcohol. Lo que sí sabemos es que el alcohol puede empeorar síntomas que ya se han vuelto más frecuentes durante esta etapa.
Sofocos, rubor y palpitaciones
El alcohol produce vasodilatación. Por eso puede generar enrojecimiento facial y sensación de calor incluso fuera de la menopausia. En una mujer que ya presenta inestabilidad en la regulación de la temperatura, una copa puede desencadenar o intensificar un sofoco.
Algunas bebidas, especialmente el vino tinto, contienen histamina, sulfitos y otros compuestos capaces de provocar cefalea, congestión, rubor o palpitaciones en personas susceptibles. Esto no siempre significa que exista una alergia verdadera; puede tratarse de sensibilidad a alguno de esos componentes o al propio efecto vasodilatador del alcohol.
Puede ayudar a dormir… pero empeora el descanso
El alcohol puede producir somnolencia y facilitar que nos quedemos dormidos. El problema aparece unas horas después. A medida que el organismo lo metaboliza, el sueño se vuelve más fragmentado, aumentan los despertares y se altera su arquitectura.
Si la mujer ya tiene insomnio, sudores nocturnos o despertares frecuentes, el impacto puede ser mucho más evidente. Puede dormir siete u ocho horas y, aun así, levantarse cansada, con dolor de cabeza, irritabilidad o sensación de niebla mental.
Por eso una copa que antes parecía no tener consecuencias puede producir ahora una noche de peor calidad y un día siguiente mucho más difícil.
Ansiedad y estado de ánimo
Durante la transición menopáusica, algunas mujeres experimentan mayor irritabilidad, ansiedad o vulnerabilidad emocional. Aunque el alcohol puede producir una relajación inicial, después puede favorecer una respuesta de rebote con inquietud, taquicardia, ánimo bajo o despertar ansioso durante la madrugada.
Utilizarlo de forma habitual para dormir o desconectar puede crear un círculo poco favorable: descanso de peor calidad, más cansancio y ansiedad al día siguiente y una nueva necesidad de relajarse por la noche.
Glucosa, apetito y control del peso
El alcohol aporta energía, reduce temporalmente la oxidación de grasa y puede favorecer elecciones alimentarias más impulsivas. Algunas bebidas y mezclas contienen, además, cantidades importantes de azúcar.
En mujeres con resistencia a la insulina, tendencia a la hipoglucemia o dificultad para controlar el peso, una noche de alcohol puede traducirse en más hambre, peor descanso, menor energía para entrenar y mayor apetencia por hidratos de carbono al día siguiente.
No es que una copa aislada determine el peso corporal, pero la suma de sus efectos puede dificultar los objetivos metabólicos.
¿La terapia hormonal hace que se tolere mejor?
La terapia hormonal bien indicada puede mejorar sofocos, sudores nocturnos, alteraciones del sueño y otros síntomas de la menopausia. Si esos síntomas están controlados, algunas mujeres pueden percibir indirectamente que toleran mejor ciertas situaciones.
Sin embargo, la terapia hormonal no neutraliza el alcohol, no acelera su eliminación ni evita sus riesgos. Tampoco debe utilizarse con ese propósito. Además, el alcohol puede modificar los niveles hormonales circulantes y se asocia con un aumento del riesgo de varios cánceres, incluido el de mama. Por eso el consumo debe valorarse dentro del conjunto de factores de riesgo de cada mujer.
Cómo saber qué te está sentando mal
Puede ser útil observar durante unas semanas:
- Qué bebida desencadena los síntomas.
- La cantidad exacta y la velocidad con la que se consume.
- Si se ha bebido con comida o en ayunas.
- La fase del ciclo menstrual, si todavía existe menstruación.
- La calidad del sueño posterior.
- La aparición de sofocos, cefalea, congestión, palpitaciones o ansiedad.
- Los medicamentos o suplementos tomados ese día.
Reducir la cantidad, beber despacio, acompañarlo de comida, alternar con agua y evitar consumirlo cerca de la hora de acostarse puede disminuir algunos efectos. También se puede probar un periodo sin alcohol para comprobar si mejoran el sueño, los sofocos, el estado de ánimo o la digestión.
No obstante, ninguna estrategia elimina por completo sus riesgos. Desde el punto de vista de la salud, cuanto menor sea el consumo, menor será la exposición.
Cuándo conviene consultar
Una tolerancia diferente no siempre se explica por la menopausia. Conviene consultar si los síntomas son intensos, aparecen con cantidades mínimas o se acompañan de urticaria, dificultad respiratoria, desmayo, dolor torácico, vómitos persistentes, coloración amarillenta de la piel o dolor abdominal.
También debe revisarse el consumo de alcohol cuando se toman ansiolíticos, hipnóticos, antidepresivos, antihistamínicos, anticoagulantes, determinados analgésicos o medicamentos para la diabetes y la tensión arterial.
Si una copa ya no te sienta como antes, no significa que tu cuerpo esté fallando. Probablemente está respondiendo de otra manera y ofreciéndote información. Escucharlo, ajustar el consumo y valorar el contexto hormonal y metabólico puede ser mucho más útil que intentar mantener por costumbre la misma tolerancia de hace diez años.
- Dra. Rebeca García García. Médica especialista en Aparato Digestivo y experta en optimización hormonal y medicina de la longevidad. Fundadora y directora médica de Clínicas Life