Ejercitar la memoria, el razonamiento y la velocidad de procesamiento reduce la demenciaGetty/Daisy Daisy

Un entrenamiento cognitivo rápido reduce el riesgo de demencia hasta 20 años después

La demencia se define como un deterioro progresivo del pensamiento que limita la capacidad de una persona para vivir de forma independiente y desenvolverse en su vida cotidiana. Se calcula que afecta al 42 % de los adultos mayores de 55 años en algún momento de su vida. La enfermedad de Alzheimer, el subtipo más frecuente, representa entre el 60 % y el 80 % de los casos, seguida de la demencia vascular, que supone entre el 5 % y el 10 %. Existen, además, otras formas como la demencia por cuerpos de Lewy, la frontotemporal o combinaciones de varias de ellas.

Los resultados de un estudio, publicado en Alzheimer’s & Dementia: Translational Research and Clinical Interventions, concluyó que los adultos de 65 años o más que participaron de un entrenamiento cognitivo basado en ordenador que imita la realización rápida de tareas con atención dividida, se asoció con una menor probabilidad de recibir un diagnóstico de demencia décadas después.

Los adultos participaron en un programa de entrenamiento de velocidad cognitiva durante un periodo de entre cinco y seis semanas y que, además, recibieron sesiones de refuerzo entre uno y tres años después mostraron una menor probabilidad de desarrollar demencia, incluida la enfermedad de Alzheimer, hasta dos décadas más tarde. Así lo indican nuevos resultados publicados en Alzheimer’s & Dementia: Translational Research and Clinical Interventions, que apuntan a beneficios sostenidos en el tiempo derivados de este tipo de intervención no farmacológica.

El trabajo, financiado por los Institutos Nacionales de la Salud de Estados Unidos, constituye el primer ensayo clínico aleatorizado que analiza la relación entre el entrenamiento cognitivo y la aparición de demencia a lo largo de un seguimiento de 20 años. En concreto, se trata del estudio de Entrenamiento Cognitivo Avanzado para Ancianos Independientes y Vitales, conocido como ACTIVE, en el que se inscribieron 2.802 adultos entre 1998 y 1999. El objetivo era evaluar los efectos a largo plazo de tres modalidades de entrenamiento cognitivo –memoria, razonamiento y velocidad de procesamiento– en comparación con un grupo de control que no recibió ninguna intervención.

Los participantes asignados a los programas de entrenamiento completaron hasta diez sesiones, de entre 60 y 75 minutos cada una, desarrolladas a lo largo de cinco o seis semanas. Además, aproximadamente la mitad de ellos fue seleccionada de manera aleatoria para recibir hasta cuatro sesiones adicionales de refuerzo, realizadas 11 y 35 meses después del entrenamiento inicial. Estas sesiones complementarias buscaban consolidar los aprendizajes adquiridos en la fase inicial del programa.

En el análisis de seguimiento a 20 años, los investigadores observaron que 105 de los 264 participantes del grupo de entrenamiento de velocidad con refuerzos, es decir, un 40 %, fueron diagnosticados con demencia. Esta cifra supone una reducción del 25 % en la incidencia respecto al grupo de control, donde 239 de 491 adultos, un 49 %, desarrollaron la enfermedad. De las tres modalidades evaluadas, la intervención basada en la velocidad de procesamiento fue la única que mostró una diferencia estadísticamente significativa frente al grupo sin entrenamiento.

Para obtener estos resultados, el equipo analizó datos de Medicare correspondientes a 2.021 participantes, lo que representa el 72 % de la cohorte original, durante el periodo comprendido entre 1999 y 2019. Las características demográficas de los participantes incluidos en el seguimiento fueron similares a las del estudio inicial: cerca de tres cuartas partes eran mujeres, el 70 % eran personas blancas y la edad media al inicio del ensayo era de 74 años. A lo largo del seguimiento, aproximadamente el 75 % de los participantes falleció, con una edad media de 84 años.

«Ver que el entrenamiento de velocidad acelerada se relacionó con un menor riesgo de demencia dos décadas después es notable porque sugiere que una intervención no farmacológica bastante modesta puede tener efectos a largo plazo», afirmó la Dra. Marilyn Albert, autora principal del estudio y directora del Centro de Investigación de la Enfermedad de Alzheimer en Johns Hopkins Medicine. En la misma línea, subrayó que «Incluso pequeños retrasos en la aparición de la demencia pueden tener un gran impacto en la salud pública y ayudar a reducir el aumento de los costos de la atención médica». Albert matizó que serán necesarios más estudios para esclarecer los mecanismos biológicos implicados y entender por qué los entrenamientos de memoria y razonamiento no mostraron beneficios similares a largo plazo.

Estos hallazgos amplían investigaciones previas del ensayo ACTIVE, el mayor estudio realizado en Estados Unidos sobre entrenamiento cognitivo en adultos. En trabajos anteriores, los investigadores ya habían constatado mejoras en tareas cotidianas relacionadas con el pensamiento, la memoria, el razonamiento y la toma de decisiones rápidas hasta cinco años después del entrenamiento, así como mejores resultados funcionales una década más tarde. Además, quienes completaron el entrenamiento de velocidad presentaron una incidencia de demencia un 29 % menor a los diez años, con reducciones adicionales del riesgo asociadas a cada sesión de refuerzo.

Carácter adaptativo

Según explican los autores, la mayor eficacia del entrenamiento de velocidad podría deberse a su carácter adaptativo, ya que ajusta el nivel de dificultad al rendimiento diario de cada participante. De este modo, quienes avanzaban más rápido se enfrentaban antes a tareas más exigentes, mientras que aquellos que necesitaban más tiempo comenzaban con ritmos más lentos. En contraste, los programas de memoria y razonamiento no adaptaban el contenido y todos los participantes aprendían las mismas estrategias. Además, el entrenamiento de velocidad fomenta el aprendizaje implícito, vinculado a habilidades automáticas, mientras que los otros métodos se apoyan en el aprendizaje explícito, basado en hechos y estrategias conscientes, procesos que funcionan de manera diferente en el cerebro.

«Nuestros hallazgos respaldan el desarrollo y perfeccionamiento de intervenciones de entrenamiento cognitivo para adultos mayores, en particular aquellas que se centran en el procesamiento visual y las habilidades de atención dividida», señaló el Dr. George Rebok, investigador principal del centro y profesor emérito de la Escuela de Salud Pública Bloomberg de la Universidad Johns Hopkins. «Es posible que la incorporación de este entrenamiento cognitivo a las intervenciones para el cambio de estilo de vida pueda retrasar la aparición de la demencia, pero este aspecto aún está por estudiarse», añadió.

Los autores concluyen que este tipo de entrenamiento podría actuar de forma complementaria con otras estrategias de estilo de vida que refuerzan las conexiones neuronales. Entre ellas se encuentran el cuidado de la salud cardiovascular, mediante el control de la presión arterial, la glucemia, el colesterol y el peso corporal, así como la práctica regular de actividad física, factores que también se han asociado con un menor riesgo de deterioro cognitivo.