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La sordera asociada al envejecimiento puede indicar un principio de demencia

La pérdida de audición por edad puede dañar el cerebro antes de que aparezcan los primeros síntomas

La presbiacusia, una de las formas más frecuentes de pérdida auditiva asociada al envejecimiento, no solo dificulta la comprensión del habla, sino que también podría estar estrechamente vinculada con el deterioro cognitivo. Aunque la relación entre ambos fenómenos ha sido señalada en estudios previos, el mecanismo biológico que los conecta aún no se había esclarecido.

Un equipo de investigadores de la Universidad de Tiangong y del Hospital Provincial de Shandong, liderado por Ning Li, ha aportado nuevas evidencias sobre este vínculo, según un estudio publicado en eNeuro. El trabajo identifica una conexión neurobiológica específica, denominada Relación Funcional-Estructural (FSR), que podría explicar cómo la pérdida auditiva se asocia con el declive de funciones cognitivas.

Los científicos observaron que en personas con presbiacusia existe una menor conectividad entre determinadas regiones cerebrales clave y las redes funcionales del cerebro. Entre ellas destacan el putamen y la circunvolución fusiforme, implicados en el procesamiento del sonido y el lenguaje, así como el precúneo y la circunvolución frontal medial superior, relacionados con la memoria y la toma de decisiones.

La pérdida auditiva no es un fenómeno aislado, sino que implica un deterioro coordinado tanto de la estructura como de la función cerebral

Esta reducción de la conectividad se asoció directamente con peores umbrales auditivos y con un menor rendimiento en pruebas de memoria y funciones ejecutivas. Es decir, cuanto mayor era el deterioro auditivo, más evidentes resultaban las dificultades cognitivas.

Según explican los autores en un comunicado, los resultados apuntan a que la pérdida auditiva no es un fenómeno aislado, sino que implica un deterioro coordinado tanto de la estructura como de la función cerebral. En palabras de Li, preservar la salud auditiva podría ayudar a proteger la integridad del cerebro.

Además, los investigadores señalan que la FSR podría convertirse en un biomarcador útil en la práctica clínica. En el futuro, esta herramienta permitiría identificar a personas con mayor riesgo de desarrollar demencia mediante el análisis de sus escáneres cerebrales.