Una herida requiere cuidados adecuados para prevenir infecciones
¿Cómo limpiar una herida correctamente? Lo que recomiendan los expertos y los errores más comunes
Una abrasión, un corte o una quemadura pueden provocar una herida que, en la mayoría de los casos, no tendrá mayores consecuencias si se limpian y cuidan adecuadamente.
Para prevenir infecciones y facilitar una recuperación más rápida, expertos en distintas especialidades sanitarias han analizado, en el Congreso de la Sociedad Española de Heridas, SEHER, organizado por la compañía B. Braun, el abordaje de lesiones cutáneas con el objetivo de profundizar en los procesos de limpieza terapéutica y cicatrización, así como de subrayar la relevancia de emplear soluciones específicas que permitan una recuperación más eficaz y en menos tiempo.
Uno de los ejes centrales del debate fue la diferenciación entre los conceptos de lavado y descontaminación, una distinción que, según los expertos, continúa generando confusión tanto en el ámbito clínico como en la práctica asistencial diaria. Se puso de relieve que el lavado convencional actúa únicamente en la superficie de la herida, eliminando bacterias flotantes y restos visibles. Sin embargo, esta intervención resulta insuficiente frente a microorganismos resistentes y, especialmente, ante la biopelícula bacteriana que con frecuencia se desarrolla sobre el lecho de la lesión y que puede retrasar de forma significativa el proceso de cicatrización.
No basta con limpiar de manera superficial, sino que es necesario recurrir a productos capaces de eliminar los patógenos
Las biopelículas, explicaron los especialistas, son estructuras complejas formadas por bacterias adheridas que crean una barrera protectora frente a antimicrobianos y frente a la propia respuesta inmunológica del organismo. Esta circunstancia dificulta la curación y eleva el riesgo de que la herida evolucione hacia una infección crónica. De este modo, insistieron en que no basta con limpiar de manera superficial, sino que es necesario recurrir a productos capaces de romper ese biofilm y eliminar los patógenos, favoreciendo así un entorno óptimo para la regeneración tisular.
En este sentido, el Dr. José Luis Lázaro Martínez, jefe de la Unidad de Pie Diabético de la Universidad Complutense de Madrid, afirmó: «Desmitificar esta diferencia es clave porque lavar y descontaminar no son procesos equivalentes desde el punto de vista biológico ni clínico. El simple lavado puede eliminar detritos y parte de la carga bacteriana superficial, pero no actúa eficazmente sobre elementos críticos en heridas crónicas, como la biopelícula». Además, añadió que «una limpieza incorrecta no solo prolonga los tiempos de curación, sino que también incrementa el riesgo de complicaciones, infecciones y consumo de recursos sanitarios».
Polihexanida y betaína
La elección de soluciones especializadas se presentó como un factor determinante para lograr una cicatrización adecuada. Estas formulaciones deben integrar propiedades tanto limpiadoras como descontaminantes, de manera que eliminen bacterias y biopelículas que interfieren en la evolución favorable de la lesión. En paralelo, se destacó que la limpieza constituye un paso previo indispensable antes de aplicar otros tratamientos, como los apósitos.
El Dr. Iván Julián Rochina, profesor de la Universidad de Valencia, subrayó: «Infraestimar la limpieza de las lesiones supone una prolongación del tiempo de cicatrización en una herida. Limpiar correctamente ayuda a desestructurar el biofilm, facilitando la acción del sistema inmunológico, la disminución de la inflamación y la agrupación de células propias de la fase anabólica para avanzar en el proceso de cicatrización. La elección del apósito no puede suplir los beneficios de la limpieza efectiva, ya que ambas son acciones complementarias y necesarias».
Durante la sesión también se abordó la eficacia de las soluciones estériles basadas en polihexanida y betaína, como el Prontosan que, según se expuso, contribuyen a eliminar las biopelículas y a optimizar el entorno de la herida. Su acción antimicrobiana permite prevenir infecciones y favorecer una regeneración tisular más ágil, además de contribuir a la normalización del pH local. Todo ello redunda en una recuperación más rápida y en una menor probabilidad de complicaciones.
¿Cómo curar una herida paso a paso?
- Lavar las manos, aunque vayan a usarse guantes. Ante una herida sangrante, realizar una compresión sobre ella con una gasa seca, durante unos cinco minutos sin levantar la mano. Si la sangre empapa la gasa, aplicar una nueva encima, sin retirar la anterior. Si a pesar de la compresión sigue sangrando, será necesario acudir a un centro sanitario.
- Una vez ha cesado el sangrado, lavar la lesión con suero fisiológico o agua potable. Se debe intentar que el agua arrastre la suciedad desde el centro a los bordes de la herida. Se puede usar un jabón neutro. No lavar la herida con antisépticos locales.
- Una vez limpia, efectuar el secado de la lesión con una gasa limpia, sin frotarla. No usar algodón, ya que sus pequeños filamentos suelen quedarse enganchados. Si la herida se mantiene sucia, puede ser necesario acudir a un centro sanitario.
- Aplicar un antiséptico para prevenir la infección. Antes de utilizar el antiséptico, es necesario asegurarse de que la persona no sea alérgica.
- Cubrir la herida con un apósito.
- Realizar la limpieza de la herida y la aplicación del antiséptico cada 24 horas. Si a los siete días la herida no ha cicatrizado o, si en algún momento muestra signos de infección, como dolor, piel enrojecida o supuración, acudir a un centro sanitario.