Terapia hormonalGetty/ Jeramie Gatchell

La terapia hormonal oral para la menopausia se asocia con un mayor riesgo de coágulos sanguíneos

La terapia hormonal transdérmica, administrada mediante parches, geles o aerosoles, no mostró un aumento general del riesgo de coágulos

La mayoría de las mujeres atraviesan la menopausia entre los 50 y los 60 años. Durante esta etapa, los niveles de estrógeno disminuyen de forma brusca, lo que puede aumentar el riesgo de osteoporosis. La reducción de esta hormona también puede contribuir a la aparición de otros problemas de salud y síntomas habituales de la menopausia, como sofocos, cambios de humor y dificultades para dormir. Para contrarrestar algunos de estos efectos a muchas mujeres se les puede recetar una terapia de reemplazo hormonal.

Pero, ¿qué se sabe de los riesgos para la salud de este tipo de tratamientos? Algunos estudios habían relacionado esta terapia hormonal oral con un mayor riesgo de tromboembolia venosa, es decir, la formación de coágulos que pueden afectar a las venas y llegar a los pulmones, así como con los accidentes cerebrovasculares.

Ahora, un amplio estudio danés publicado en The BMJ revela que el uso actual de terapia hormonal oral para la menopausia, también conocida como terapia de reemplazo hormonal (TRH), se asocia con un mayor riesgo de sufrir coágulos sanguíneos en las piernas o los pulmones, independientemente de la dosis o del tiempo que se mantenga el tratamiento.

Varía según la vía de administración

El trabajo también encontró diferencias según la vía de administración. El riesgo de accidente cerebrovascular e infarto de miocardio se concentró en las mujeres que utilizaban terapia hormonal oral en dosis altas durante periodos prolongados, mientras que la terapia hormonal transdérmica, administrada mediante parches, geles o aerosoles, no mostró un aumento general del riesgo de coágulos.

Riesgo poco frecuente, pero relevante

Para analizar la asociación entre el riesgo de tromboembolia venosa, accidentes cerebrovasculares y la terapia hormonal los investigadores recurrieron a los registros sanitarios de Dinamarca y estudiaron a mujeres de entre 50 y 69 años que residían en el país entre 2003 y 2021 y que habían sufrido por primera vez una tromboembolia venosa, un accidente cerebrovascular isquémico o un infarto de miocardio.

Ninguna de las mujeres estudiadas tenía antecedentes de coágulos sanguíneos, cáncer, enfermedad hepática, endometriosis, síndrome de ovario poliquístico, tratamientos de fertilidad ni cirugía para extirpar los ovarios. También se tuvieron en cuenta otros factores potencialmente relacionados con el riesgo, como los ingresos, el nivel educativo, el uso de medicamentos y las enfermedades previas.

Entre las mujeres que no habían recibido terapia hormonal, las tasas de tromboembolia venosa, accidente cerebrovascular isquémico e infarto de miocardio fueron de 15,8, 20,3 y 13,0 casos por cada 10.000 personas-año, respectivamente.

La terapia con estrógenos orales, tanto solos como combinados con progestina, se asoció con un aumento absoluto anual de las tasas de tromboembolia venosa del 0,09 %, accidente cerebrovascular isquémico del 0,06 % e infarto de miocardio del 0,03 %.

Los autores calculan que esto equivale aproximadamente a un caso adicional de tromboembolia venosa por cada 1.055 mujeres que reciben terapia hormonal oral durante un año, un accidente cerebrovascular adicional por cada 1.642 mujeres y un infarto adicional por cada 3.846.

La dosis y el tiempo también importan

El uso de terapia hormonal oral se relacionó de forma consistente con un mayor riesgo de tromboembolia venosa. En cambio, el aumento del riesgo de accidente cerebrovascular e infarto de miocardio se limitó a las mujeres que tomaban estradiol oral en dosis altas, superiores a 1 mg al día, durante más de un año.

Además, el riesgo aumentaba a medida que se prolongaba el tratamiento.

La situación fue diferente con la terapia transdérmica. Los investigadores no observaron un aumento general del riesgo de trombosis independientemente del régimen utilizado, la dosis o la duración del tratamiento. Según los autores, estos resultados ponen de relieve la importancia de la vía de administración a la hora de valorar los riesgos asociados a la terapia hormonal.

Se observó una excepción entre las mujeres que utilizaban terapia transdérmica combinada de forma cíclica, con estrógeno continuo administrado a través de la piel y progestágeno añadido durante una parte del ciclo. En este grupo se detectó un aumento de la tasa de infartos, aunque los investigadores advierten de que esta estimación se basa en un número reducido de casos.

Estudio observacional

Los autores subrayan que se trata de un estudio observacional, por lo que los resultados no permiten establecer una relación de causa y efecto.

Entre las limitaciones señalan la falta de información sobre la edad a la que comenzó la menopausia, el índice de masa corporal y el consumo de tabaco. También advierten de que los resultados podrían no ser directamente aplicables a otras poblaciones con una mayor diversidad étnica.

A pesar de estas limitaciones, los investigadores destacan el amplio tamaño de la muestra, el acceso a datos detallados de prescripción, la información sociodemográfica y sanitaria disponible y el largo periodo de seguimiento como elementos que refuerzan la solidez de los resultados.

Los autores concluyen: «El uso actual de cualquier terapia hormonal oral para la menopausia se asoció con un mayor riesgo de tromboembolia venosa, mientras que el riesgo de accidente cerebrovascular isquémico e infarto de miocardio solo aumentó con la terapia oral de alta dosis utilizada durante más de un año».

Añaden: «La terapia transdérmica no se asoció con un aumento de las tasas de trombosis, independientemente del régimen, los ingredientes activos, la dosis y la duración del uso».