Cenar tarde perjudica la salud

Cenar tarde perjudica la saludGetty Images/iStockphoto

Cenar tarde no solo engorda: el hígado también puede sufrir las consecuencias

Un estudio apunta a mayor riesgo de hígado graso y cirrosis

Comer después de cenar o incluso después de acostarse podría estar relacionado con un mayor riesgo de desarrollar enfermedades hepáticas. Así lo apunta una investigación dirigida por la Universidad de Salud y Ciencias de Oregón (OHSU), que ha encontrado una asociación entre la ingesta nocturna de alimentos y una mayor prevalencia de hígado graso y cirrosis.

El estudio, publicado en la revista Clinical Gastroenterology and Hepatology, detectó entre las personas que declaraban comer a altas horas de la noche un aumento del 20 % al 30 % en las distintas formas de enfermedad hepática analizadas, en comparación con quienes no tenían este hábito.

Los resultados ponen el foco en un aspecto de la alimentación que va más allá de qué se come o en qué cantidad: también podría importar cuándo se come. No obstante, los investigadores advierten de que se trata de un estudio observacional, por lo que sus resultados no demuestran que comer tarde sea, por sí solo, la causa de estas enfermedades.

Qué implica cenar tarde

La investigación examinó la relación entre los hábitos alimentarios nocturnos y dos problemas hepáticos: la enfermedad hepática esteatósica asociada a la disfunción metabólica, conocida como MASLD por sus siglas en inglés, y la cirrosis.

La MASLD se caracteriza por la acumulación de grasa en el hígado asociada a factores metabólicos. En algunas personas, la enfermedad puede progresar y provocar inflamación y daño hepático. La cirrosis, por su parte, es una fase avanzada de daño en la que se forma tejido cicatricial que altera la estructura y el funcionamiento del órgano.

Para analizar esta posible relación, los investigadores recurrieron a tres grandes estudios estadounidenses: el Estudio de Salud de las Enfermeras, el Estudio de Salud de las Enfermeras II y el Estudio de Seguimiento de Profesionales de la Salud.

En conjunto, analizaron información sobre la dieta y los hábitos de vida de casi 200.000 participantes. Después, agruparon a las personas según sus comportamientos alimentarios y estudiaron su relación con los problemas hepáticos declarados.

Hay una mayor frecuencia de enfermedad hepática entre quienes afirmaban comer después de cenar o tras acostarse

Los resultados apuntaron a una mayor frecuencia de enfermedad hepática entre quienes afirmaban comer después de cenar o tras acostarse.

«Algunos estudios han insinuado esta idea, pero este es uno de los primeros análisis a largo plazo que establece explícitamente la conexión con la enfermedad del hígado graso», dijo el autor principal, Robert Wilechansky, hepatólogo de OHSU especializado en trasplantes de hígado.

Reloj biológico

Una de las posibles explicaciones tiene que ver con los ritmos circadianos, el sistema interno que regula los ciclos de sueño y vigilia y que también interviene en distintos procesos metabólicos.

El hígado adapta parte de su actividad a estos ritmos. Por eso, el momento en el que se ingieren los alimentos podría influir en la manera en que el organismo procesa los nutrientes.

«Sabemos que el hígado está muy sincronizado con los ritmos circadianos del cuerpo», afirmó Wilechansky. «Por eso, nos interesa modificar el horario de las comidas de una manera que pueda tener un impacto positivo en la salud sin alterar la composición de la dieta».

La investigación también conecta con estudios previos sobre el trabajo nocturno y la desincronización del reloj biológico, factores que se han relacionado con una mayor frecuencia de problemas metabólicos y cardiovasculares.

Andrew McHill, profesor asociado y especialista en sueño y ritmos circadianos en OHSU, explicó que el momento de las actividades cotidianas puede influir en la salud.

«Estamos viendo una y otra vez que el momento en que se realizan las actividades, ya sea dormir, comer o hacer ejercicio, es realmente importante», dijo el coautor Andrew McHill, profesor asociado y fisiólogo del sueño y los ritmos circadianos en OHSU. «Por ejemplo, hemos demostrado que comer durante la noche, cuando el reloj biológico interno promueve el sueño, reduce la capacidad del cuerpo para metabolizar los alimentos de manera eficiente y, con el tiempo, puede provocar obesidad, diabetes y ahora también problemas hepáticos».

Comer durante la noche reduce la capacidad del cuerpo para metabolizar los alimentos de manera eficienteAndrew McHill

Los investigadores también señalan que los estudios realizados en animales han identificado al hígado como uno de los órganos sensibles a los cambios en la sincronización entre la alimentación y el descanso. Sin embargo, todavía es necesario determinar hasta qué punto estos mecanismos explican la asociación observada en personas.

Cuándo dejar de comer

A partir de estos resultados, los investigadores plantean que adelantar la última ingesta del día podría ser una estrategia que merece estudiarse para proteger la salud metabólica y hepática.

«Es importante recordar que, de las personas que desarrollan hígado graso, solo una pequeña fracción desarrolla formas graves de la enfermedad, como la cirrosis hepática», dijo Wilechansky. «Aun así, la principal conclusión es que limitar la ingesta de calorías a varias horas antes de acostarse podría ser beneficioso».

Esto no significa que cenar tarde provoque necesariamente hígado graso o cirrosis, ni que todas las personas que comen antes de dormir vayan a desarrollar una enfermedad hepática. El estudio se basa en información declarada por los propios participantes y no permite establecer una relación causal.

Además, el riesgo de enfermedad hepática depende de múltiples factores, entre ellos la salud metabólica, el consumo de alcohol, determinadas enfermedades y otros aspectos del estilo de vida.

Para avanzar en esta línea de investigación, un equipo de OHSU está reclutando participantes para un nuevo estudio que monitorizará directamente sus hábitos alimentarios y evaluará si adelantar las comidas mejora determinados indicadores clínicos relacionados con la enfermedad del hígado graso.

Este trabajo permitirá comprobar si modificar el horario de las comidas produce cambios medibles en la salud hepática, algo que el estudio observacional no puede demostrar por sí solo.

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